31 de enero de 2007

Pescaito frito (más cosas que no tienen perdón)

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Libertad

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Hace poco escuchaba a un músico decir que la libertad es un concepto que se han inventado para facilitar nuestra dominación. En el caso de la música es así. Dividimos a los músicos en dos grupos: los comerciales, que no tienen libertad porque están a las órdenes de una discográfica, y los alternativos, que también venden discos a espuertas aunque no formen parte de la radio fórmula, es decir, están a las órdenes de una discográfica. El vendedor creó la industria, y cuando descubrió que del lado de la demanda había algún avispado que buscaba algo más elitista (o intelectual, o puro, o artístico, como quieras llamarlo, compañero) inventó el indie, un nuevo rebaño para los mismos borregos. Niñatos escuchando La Oreja de Van Gogh, niñatos escuchando Haze, niñatos escuchando Cradle of Filth, es todo la misma mierda con distinto palo. Lo bueno es que además los dos rebaños se pelean entre sí, defendiendo a capa y espada su estilo rapero o nu·metalero (hace diez años bakala o heavy) y de ese modo, sintiéndose parte de un grupo, van recolectando adeptos. En la literatura este efecto bipolar tienes dos vertientes a las que podríamos llamar Dan Brown y Bukowski. ¿Existe un arte de verdad, un arte puro y libre? Sí, desde luego, pero escasea en la industria, y tiene una explicación muy fácil: el oficio desvirtúa el arte, lo mecaniza, lo eleva a la enésima fracción de uno.

En lo cotidiano, que no tiene nada de artístico, la libertad es también un concepto de control: tiene usted los fines de semanas libre, pero los fines de semana están delimitados por el viernes y el lunes; tiene usted las tardes libres, pero las tardes están encerradas entre el último minuto laboral y el sueño reparador y obligatorio de la noche; es usted libre de opinar, siempre que no opine mal obligando la caída fulminante de la ley sobre usted; es usted libre de votar, de todas formas gobernarán el desacuerdo y la crispación; es usted libre de vestir como quiera, pero el mundo es libre de emitir prejuicios con condena incluida por su aspecto; tiene usted toda la libertad del mundo, pero la libertad es una mentira utópica que acaba con quien quiere materializarla.

Hasta ahora, en mi vida, sólo ha habido dos cosas que han coartado mi libertad: el tiempo y el dinero (el espacio es posiblemente la libertad en sí). Hace tiempo alguien me dijo "el dinero no da la felicidad, pero mucho dinero... eso ya es otra cosa". ¿Y qué es la felicidad si no la libertad (o la ignorancia)?. Tienes derecho a decir lo que quieras, pero si no tienes dinero no puedes pagar el soporte necesario para decirlo.

Un hombre nace en una ciudad pequeña. Cada mañana baja una cuesta leve hacia el centro, donde trabaja o estudia. Cada medio día sube de nuevo esa cuesta para volver a casa comer. Cada noche se acuesta en una cama bajo un edredón de una calidez similar a la felicidad. Los fines de semana baja en coche a la costa emocionado mientras contempla los avances lentos pero progresivos de la autovía que va hacia la costa, o viaja a una provincia cercana para visitar a su familia, la rutina de un tiempo pasado. Para él el mundo es una esfera de colores con los nombres de los países y regiones dibujados en negro, colocada con cierta estrategia decorativa en una estantería. Sería libre si pudiera improvisar un billete de avión a Moscú o Santiago de Chile. Mientras, es preso de la ignorancia o del sedentarismo.

Una joven pasa las mañanas y las tardes en la Universidad. Los ratos libres los dedica a estudiar en la biblioteca: necesita aprobar para que le den la beca que le subvencione la matrícula que sus padres no pueden pagar para poder seguir estudiando, para labrarse un porvenir según los dictámenes (de raíz común con dictatorial) de un sistema que aliena al individuo en beneficio del individuo. Los fines de semana se reúne con unos amigos, tocan algunas canciones, escriben otras tantas. Ella compone y canta versos que podrían ayudar a mucha gente (es la medicina del arte, el botiquín de las canciones), pero la escasez de tiempo para desarrollar el arte (quizá el concepto menos rentable del mundo) niega la felicidad propia y quién sabe si también la ajena. Pasará la vida cantando para los amigos mientras otros escuchan la mierda que hay en los estantes de la tiendas. Es presa del sistema.

Ayer me enteré de que el examen que yo creía que tenía mañana es hoy. La casualidad me da la libertad de presentarme a un examen (el primero de la tanda) que no quiero hacer. Abres un libro por curiosidad, para adentrarte en la anatomía cerebral o en la literatura china, lo lees, lo devoras, te empapas de datos, de conocimiento. Pero alguien fija una fecha y toda tu vida, durante un periodo de tiempo suficientemente largo como para resultar tortuoso, gira a su alrededor. Ciñéndonos a la cita en sí, está el engorro de la obligación de presentarse en una sala con el DNI en la mano, como un judío haciendo cola para entrar a la cámara de gas o un irlandés al que no dejarán pasar de Ellis Island. Esta tarde, cuando vaya por obligación hacia la facultad para hacer el primer examen de esta tanda, un retortijón irrefrenable, inspirado por el regusto repugnante, como a garrafón, que me inspiran los exámenes (de una manera ideológica, no temorosa) me obligará con su soniquete escatológico a colarme en el English Cut para cagar una diarrea homogénea como mayonesa casera, entreteniéndome más de la cuenta, impidiéndome llegar a tiempo. Pero da igual: ellos me darán la oportunidad de examinarme en septiembre de una materia que ya conozco, teniendo para demostrarlo un certificado que no aceptan. Pensaré en esta libertad, con alivio moral, con alivio sonoro intestinal y salpicones. Ésa es mi música, la música que ellos quieren que toque.

Cae la noche en Granada

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30 de enero de 2007

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Tengo una lista de entre veinte y treinta títulos que me encantaría leerme a lo largo del segundo cuatrimestre, aunque dudo que tenga tiempo para coger más de cinco o seis (y ya son muchos). La lista corresponde al programa de una asignatura que me moría por hacer y que hoy, por fin, he sabido que voy a hacer.

Es maravillo e injusto que haya suficiente literatura como para morir antes de haberla leído tan sólo una pequeña parte.

Apagón

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El día 1 de Febrero de 19:55 a 20:00 se propone apagar todas las luces para dar un respiro al planeta (la propuesta proviene de Francia). Si la respuesta es masiva, el ahorro energético puede ser brutal. Nada mas 5 minutos, y a ver que pasa. Si , si ya se que estaremos 5 minutos a oscuras y con cara de tontos, pero recordad que Internet tiene mucha fuerza y podemos hacer algo grande. Pasad la noticia...es a través de estas iniciativas como podemos demostrar que aun tenemos fuerza y podemos hacer algo para demostrar a los que tienen el poder, que seguimos siendo nosotros
los soberanos del sistema, y no unos pasivos alceñiques a los que moldear a su antojo.


Me ha llegado este email de redacción incierta, pero de contenido real. La iniciativa se lleva cociendo ya semanas y es muy interesante. Lejos de los problemas que pueda suponer quedarse a oscuras, creo que lo que haré será salir a la calle a ver si es cierto que todo se apaga.

29 de enero de 2007

Lenguas de Fuego en 2007

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Hoy he dejado el siguiente mensaje en el foro de Lenguas de Fuego:

Hemos estado desaparecidos un tiempo pero no por ello hemos estado parados. Nos han seguido llegando textos -aunque pocos, muy pocos- y nuestros lectores han crecido en número -enero de 2007 está siendo el mes con más visitas desde que empezamos a hacer Lenguas de Fuego hace casi dos años-.

Estos días quizá vean algún error en la web. Se debe a que nuestro mediocre Web master está haciendo algunas actualizaciones, pero esperamos que en las próximas horas todo esté solucionado y puedan leer un número nuevo de Lenguas de Fuego.

Para poder seguir adelante, quiero abrir este hilo en el foro como buzón de sugerencias. ¿Qué sección falta o sobra en Lenguas de Fuego? ¿Qué cambios harían en el diseño? ¿Qué temas les gustaría que tratáramos?

Espero sus respuestas.

27 de enero de 2007

Homer, pon el piloto automático

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AVISO FREAKY

Viendo Cuatro a la vez que desayunaba, he descubierto que mi ídolo automovilístico de la infancia, KITT, el coche fantástico, tiene la voz de Homer Simpson. El doblador y traductor en concreto es Carlos Revilla, del que leo en la Wikipedia:

En su larga trayectoria cedió su voz a actores como Cary Grant, James Stewart, Michael Caine, Bill Cosby, Jack Lemmon, Humphrey Bogart, Robert Duvall, Rock Hudson, Groucho Marx, Robert Mitchum y Peter O'Toole.

[...]

En un capítulo de Los Simpson la familia intenta animar a Homer poniéndole una película en la que aparece el coche fantástico hablándole directamente a él, y Carlos Revilla se reservó el papel de KITT. Lo mismo ocurre en otro capítulo en el que Homer está sentado ante la televisión viendo con sus hijos La lancha fantástica, una supuesta parodia de la serie, y la lancha habla también con la voz de Revilla.


Creo recordar que un capítulo de Los Simpson también aparecía Bill Cosby.

26 de enero de 2007

Aventura con los colores gastados

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Parece un detective privado salido de una película española de los noventa. Tiene la cara maltrecha, más que por vivencias extremas e intensas por una falta de elegancia genética y acentuada con los años, y un aspecto un poco desvalido, quizá por el frío, quizá haya pasado la noche bebiendo y de putas. Habla con una educación incómoda, como una advertencia de que miente -después comprobaré que así es-. Buenos días, soy funcionario de la policía. Lo miro atento mientras dice esto, siempre al servicio de la autoridad. Uno tiene que darle facilidades a esa gente que por lo general hace mal su trabajo -salvo ese tal Charlie al que siempre están aplaudiendo-. Introduce su mano en el chaqueton mullido. Yo sé que no es policía y que quizá saque un pequeño revólver para dispararme justo en el centro de la frente, dejándome como un cadáver hinduista, como un inocente caído por obra y gracia de una mafia facinerosa y maloliente. Nada me salvará salvo que en este mismo momento entre el hombre que trae cada día el correo y el falso policía, desorientado, se ensañe con él dándome a mí tiempo a esconderme en el cuarto de la limpieza. Finalmente, el mafioso extrae una pequeña cartera negra y envejecida por el uso y la hostilidad de un bolsillo demasiado angosto. La abre a mi vista, con una sola mano y sin extender el brazo, sin la elegancia apoteósica de Fox Mulder, somos del FBI, quisiéramos hacerle unas preguntas. Apenas puedo distinguir una pequeña placa que fácilmente podría ser un accesorio de Action Man y una identificación que me recuerda a un viejo DNI de aquellos tan grandes, tan antiguos que yo nunca tuve uno. Rápidamente la guarda sin darme tiempo a leer su nombre, su número o cualquier dato que me confirme que es un verdadero agente de la ley. Ahora estoy seguro de que no es policía. Una conspiración mafiosa a nivel internacional le ha encargado acabar conmigo como movimiento estratégico en una operación revolucionaria en la lucha por el poder. Ha venido a matarme, pero duda, porque desde lo más hondo de su mísera existencia siente cargo de conciencia. Si no me dispara pronto se aparecerá Luca Brasi a mis espaladas para estrangularme con un fino cable metálico y luego lo matará a él. Verá, el otro día le robaron a los de la oficina de al lado, quizá usted sepa algo. Me habla de usted, si tuviera un anillo alzaría la mano y le obligaría a besarlo. No, no sé nada, ¿cuándo fue?. Antes de ayer, a las diez treinta de la mañana. Dice diez treinta en lugar de diez y media porque cree que queda más técnico. ¿Hora zulú?, quisiera preguntarle. Quizá en estas cuarenta y ocho horas que han pasado ha estado repasando su vocabulario policial para impresionar a mentes civiles, seguramente no tenga ni puta idea de gramática. Miro a mi alrededor buscando un arma para acabar con él y salvar mi vida. A mi izquierda hay una pequeña estatuilla de un buldog fancés que podría dejarlo KO, pero está demasiado lejos para alcanzala. ¿Sabe si hay cámaras de seguridad?. Sí, sí hay, quizá pueda preguntarle al guarda del parking, o a los de seguridad. Le miento para que tema que mi asesinato no quedará impune. Ajá, gracias, muy amable. Hasta luego. Se va a a marchar, va a escapar, pero mi instinto asesino ya se levanta ojo avizor. Ese hombre debe morir. Lo veo caminar cercano a la fuente, ya alejándose. Me levanto, salgo a la calle, al frío horrible, y le grito. ¡Oiga! ¿No va a preguntarle al guarda del parking?. Se gira, asiente desde lejos y se dirige a las escaleras para bajar a la garita. Cuando despierte a ese gordo cabrón con su tembloroso buenos días lo va a despezar. Me he convertido, moralmente, en un asesino; pero he podido salvar la vida un día más.

25 de enero de 2007

Los que nos quedamos

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Como viene a decir el Principio de Incertidumbre, la realidad cambia sólo por el hecho de que exista un observador, o lo que es lo mismo, todo es verdad, todo es mentira según el cristal con que se mira. Es posible que no vuelva a ver al Tostao, se va a vivir a una ciudad tan lejana que para mí, pese a no estar muy al norte de España, es tan extranjera como la estepa siberiana o el desierto chileno. Va a emprender un camino nuevo en la vida, una vez más, y la única razón que tiene para hacerlo es que es un hombre que sabe aprovechar las oportunidades, sabe girar sobre sí mismo para tomar impulso.

Supongo que esos han sido los golpes que le han forjado como una mente preclara: cuando camina da lentos pasos, cuando fuma inspira a conciencia y expira intensos y pesados borbotones de humo, cuando habla medita y después pronuncia despacio las palabras escogidas con la precisión de un bisturí, cuando se despide dilata el momento del adiós saboreando cada momento de su presencia en cualquier lugar, porque sabe que cada segundo es valioso como si fuera el último, porque sabe que cada segundo puede ser el último antes de que el viento cambien y le lleve a otro lugar. Así camina por la vida, ése es su cristal, diáfano como una lente pulida y brillante.

Cuando me he sentado esta noche junto a él para tomarnos la penúltima cerveza, yo volvía a estar en este lado, el lado de los que se quedan, de los que ven partir a los demás. Madrid, Segovia, Bruselas, Munich, Londres, Nueva York, son todas esas ciudades cuyo nombre se desfigura como una palabra extranjera y suena remoto al sur del río Genil. Este bar, he pensado, es como un andén, como un aeropuerto empequeñecido e impersonal, quizás más cruel, porque por su naturaleza no deja lugar a las despedidas bajo el escrutinio malhumorado del camarero, entre los restos de espuma de cerveza y el peso de la luz sucia como las páginas de un libro bicentenario.

Me despido de él hasta mañana, aún tiene tiempo antes de irse y podemos vernos un rato por la tarde. Si no llueve, quizá subamos un rato al Albaycín a dar una vuelta, a pasar el rato en una cafetería y a echar un par de fotos. En las despedidas siempre se esboza una cita remota e incierta para restar peso dramático: así te dije adiós, pronunciando un hasta luego falso. Atravieso Plaza Birrambla, salgo a la calle Reyes Católicos, y en lugar de seguir recto hacia la calle Navas a través de la Plaza del Carmen, me detengo un momento a ver la calle totalmente vacía. Decido volver dando un pequeño rodeo y bajo Reyes Católicos. A la izquierda, los soportales de Ángel Ganivet se suceden como una tira estirada de celuloide. Intento contemplar su majestuosidad con entusiasmo primerizo, imaginando que ésta no es mi ciudad desde que nací, que soy un extranjero perdido en la noche de una ciudad milenaria, que paseo por calles desconocidas, que al doblar una esquina veré el Big Ben brillando con una luz similar a la de la Alhambra, pero sin ese toque de azafrán, o que me encontraré una reproducción del David de Miguel Ángel en la Piazza della Signora de Florencia. Quizás el paisaje mute gracias a la imaginación y varios pasos más adelante me vea doblando las esquinas recónditas de la Judería de Sevilla, teletransportado por un ímpetu enfático de la palabra deseo. Al mismo tiempo, el Tostao debe ya estar trasladándose al primer sueño de la noche, en el que quizá aparezcan su nueva ciudad, aún desconocida, y una versión futura de él mismo, como en una premonición tenue y dulce.

Paso por delante del teatro Isabel la Católica, donde habita aún el fantasma de un viejo familiar que trabajó allí. Cuando murió a finales del pasado siglo, fue tal el miedo que le causó la lejanía del más allá que decidió quedarse en el teatro. Desde entonces pasea por las noches entre las butacas, se sienta en los palcos a mirar el escenario e imagina a los actores que vio actuar, cuya imagen es para él tan fantasmagórica como su propia persona. La gente pasa y él los contempla desde el aire transparente de su ser como una ráfaga de cierzo. Más abajo, las farolas encendidas de Carrera de la Virgen desembocan perfectamente simétricas en la negrura del Paso del Salón. La ciudad está completamente desierta. En ese momento, nadie salvo yo, como un intruso, contempla el sueño apaciguado de la ciudad. Camino por mitad de la calzada. Ningún coche vendrá a atropellarme, soy dueño de la oscuridad que me rodea, del silencio sombrío que escucho atentamente y del frío de enero que todo lo arropa, anualmente, ante la atenta mirada de Sierra Nevada y de los que nos quedamos en esta ciudad cada vez más deshabitada.

24 de enero de 2007

Mepende Mix - Mama ladilla

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Clarividencia crítica del personal de limpieza

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España no tiene futuro, me dice con su acento lituano mientras remueve los papeles de mi mesa para pasar un trapo húmedo y con olor a pino desinfectante, el mismo olor del cubo que utiliza para fregar el suelo a golpe de fregona contra la torre del ordenador.
-Aquí en España -prosigue- ya no va a haber más turismo, la playa está sucia, todo el mundo se va otros sitios, ¿de dónde va a entrar el dinero a España entonces?, los españoles también quieren irse, aquí dentro de poco habrá sólo negros, todos negros -pronuncia la palabra negro de una manera un tanto reacia: ella es aria y además parece un poco nazi-, porque los blancos quieren irse y no tener hijos, yo también me iré si no funciona mi negocio, porque en España los sueldos son muy bajos, la gente para trabajar tiene que irse fuera, al menos en Granada, y yo quiero trabajar, trabajar mucho y ganar mucho dinero, aunque los sábados yo tenga que trabajar mientras otros miran la tele, ¿y tú?, tú no pensarás estar en este trabajo toda la vida, ¿no?.
-No, no lo creo, pero no pienso en ello todavía- le contesto algo molesto.
Subestima todo lo que hay a su alrededor. Además, es xenófoba, una inmigrante xenófoba no puede ser más que una imbécil de remate. Más aún si lo que entreveo en su xenofobia es racismo. La miro, de pie, mientras limpia mi mesa, revuelve todo, desordena mis papeles, mis notas, tira la corona de mi reloj sin agujas. Preferiría que no limpiara, siempre termino odiando a las limpiadoras porque ordenan mi desorden mientras me dicen que mi trabajo es una mierda, que ellas podrían hacerlo mucho mejor que yo. Empiezo a odiarla.
-¿Y trabajas aquí también por la tarde?.
-No -le respondo sabiendo que ya está imaginando mi vida pusilánime en una casa grande que no me merezco, pasando las tardes ociosas mientras otros se desloman trabajando de sol a sol, un sueldo desorbitado y suficientes vacaciones como para aburrirme-, por las tardes voy a la facultad.
-¿Qué estás estudiando?.
-Traducción.
Pone cara de comprender, coge carrerilla y empieza a enhebrar palabras en español con una agilidad poco deseable.
-¿En Granada? Pero la facultad de traducción de Granada no es muy buena, ¿no?.
Guardo un silencio incómodo durante varios segundos, el frío me tensa la piel de los pómulos, quiero volver a sentarme junto a mi estufa eléctrica. Y que se calle, por favor. Ella rompe el silencio:
-Una amiga mía estudiaba traducción en Granada y se fue Málaga, porque decía que esta facultad es muy mala. Ella quiere ir a Londres a ser traductora.
Un español más en Londres, como si hubiera pocos.
-La FTI de Granada es una mierda, pero teniendo en cuenta que la Universidad a nivel internacional es una farsa en la que preparan papeles los hijos·de, los amigos·de, y los que·tienen·influencias·en está bastante bien, es la que más prestigio tiene en España.
-¿Sí?.
Se queda pensativa unos segundos, me escruta por detrás de su flequillo rubio antes de volver a hablar.
-A mí estudiar me parece una pérdida de tiempo, yo quiero trabajar mucho y ganar mucho dinero, estudiar cuesta tiempo y dinero, y es tiempo perdido y dinero perdido.
Me mira con media sonrisa, porque sabe que acaba de decirme que estoy perdiendo el tiempo en la vida, que tengo un trabajo de mierda, que estoy estudiando una carrera inútil en una universidad primitiva, y sabe que no le contestaré porque sus palabras han convertido mi ímpetu en mala educación y si hablo estoy perdido, seré titular amarillo. Puta, pienso, puta, como me apagues el ordenador de un golpe de fregona te diré lo que opino de la gente de como tú.
-¿Has acabado ya?.
-Sí.
Me siento en la mesa, coloco cada cosa en el lugar en el que estaba antes, pongo en hora mi reloj sin agujas, la odio, definitivamente. Ha desaparecido por completo el efecto simpatizante de su sonrisa primeriza, la que llevaba cuando la conocí hace un par de meses, antes de descubrir el menosprecio que siente por lo que la rodea, el menosprecio que tanto aborrezco aunque en parte es mío también. Pero no puedo recriminárselo: ella ha viajado miles de kilómetros para establecer su vida aquí, yo no estoy a más de quinientos metros de la casa en que nací. Recordaré sus palabras cuando vaya esta tarde a la facultad -si el frío de esta oficina no ha terminado por enardecer la fiebre que lleva amenazante toda la mañana-, miraré a la gente, a los novatos incautos que creen que pasarán los próximos cuarenta años traduciendo textos para alguna multinacional, vistiendo trajes de chaqueta, bebiendo cerveza de importación y acostándose con mujeres como las de Sexo en Nueva York; aún más, los miraré como los cínicos que son, como personas con esperanza aún, creyentes de los trabajos mitificados, miembros de una selecta élite de la especie humana, firmes candidatos a la felicidad falaz y al aburrimiento de la pusilanimidad.

Leyendas urbanas (epílogo)

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- Verás, allí cuentan ciertas historias sobre cosas que pasan, sucesos inventados en un alarde de imaginación que se confunde con lo irreal. No son cuentos, ni fábulas, todo el mundo sabe que los cuentos son irreales, sin embargo la gente cree en estas historias como si fuesen factos demostrados científicamente: inventan una historia, dejan que se extienda en forma de rumor, y la gente la cree, aunque sean inverosímiles y hablen de robos de órganos vitales, de asesinatos, de fantasmas.
- ¿Y cómo lo sabes?.
- Me lo contó un amigo.
- Así nacen las religiones.

22 de enero de 2007

Leyendas urbanas (y III)

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Hace nueve o diez años, mi yo adolescente volvía ya entrada la noche a casa cuando, en uno de los callejones de mi barrio, me encontré con cuatro amigos. Habían quedado para hacer el que quizá fue el primer botellón de su vida, cuando aún no era un fenómeno especialmente extendido. Me saludaron bajo la hedionda efusividad del vino y el whisky de las marcas más baratas que había en el supermercado. Yo volví a casa y ellos se quedaron bebiendo hasta todo lo que dieron sus cuerpos quinceañeros aún inexperimentados en esos terrenos etílicos.

Ya en mi ausencia, según me contaron después, la noche se desarrolló de una manera un tanto peculiar dentro de lo común de este tipo de eventos adolescentes, de manera que pudieron contribuir a la forja de una de las leyendas urbanas que más disgustos ha causado a los adolescentes españoles. Uno de los cuatro amigos, que era abstemio, se retiró a casa cuando el percal se empezó a enturbiar. Los otros tres, quizás ya con cierto malestar, fueron a una conocida y pomposa pastelería, de nombre Flamboyant, cercana a mi barrio, para echarse algo sólido en el estómago. Nada más salir, al primer bocado de una suculenta napolitana, el más alto de los tres, de cuerpo grande y ancho, se apoyó contra la pared y empezó a vomitar. La ingeniosa mezcla de brebajes empezaba a provocar sus peores efectos. El segundo de ellos, de estatura media, sintiendo envidia de la náusea ajena, inició también una serie de arcadas que desencadenaron en un líquido y oscuro charco en la acera.
- Raúuuuul, Raúuuuuul- Decía uno.
- Juaaaaan, Juaaaaaan- Respondía el otro.

El tercero, el más espigado y de aspecto más enclenque de los tres, fue el que único que resistió los envites alcohólicos de las malas cantidades y calidades de las bebidas que había consumido, y haciendo de tripas corazón, que no colocón, pudo alzar un compañero en cada brazo y arrastrarlos hacia sus respectivas casas, para lo cual hubieron de mal·caminar hacia el río Genil, cruzarlo por el Puente Verde que en realidad es blanco, e iniciar un penoso paseo por la Carretera de la Sierra. A la entrada de esta vía, el joven espigado pudo descargarse del primero de sus pasajeros, afortunadamente el de más estatura y peso, dejándolo ya en casa al cuidado materno; pero el que quedaba en sus brazos, pese a ser no tan alto, había sufrido de manera más aguda la mala experiencia de la borrachera. Los dos restantes aún tuvieron que caminar varios cientos de metros hasta llegar a la casa del joven caído donde, ya en el váter y ante el pasmo aterrado de su madre, pudo llenar de vómitos salientes con toda comodidad no sólo su boca, si no también sus dos orificios nasales.

En ese momento, el adolescente espigado, tras haber pronunciado algunas palabras que calmaran el ánimo de la señora, se despidió para volver a su casa y descansar: tuvo que cruzar de nuevo el río Genil, esta vez por el puente que une el barrio de la Carretera con el de la Bola de Oro, subir la oscura y empinada Cuesta de la Plata entre ladridos y cacareos y, por fin, creyendo acabada esta historia, llegar a su casa para tumbarse en la cama y dormir largas horas esperando la mañana de resaca. Sin embargo, el joven espigado que había arrastrado a sus amigos hasta sus hogares se encontró con una ira parental sin precedentes, ya que en el lapso de tiempo en el que él había caminado solo hacia su casa buscando el alivio se había forjado sin él saberlo -recordemos que hace nuevo o diez años sólo los altos ejecutivos utilizaban teléfono móvil- la leyenda.

El vomitante alto, el primero, había llegado a su casa justificando su estado de una manera magistral y sensacionalista que provocó una llamada de sus padres a los padres de los otros afectados. La terna parental había mantenido varias conversaciones sin llegar a ninguna conclusión en concreto, pero la noticia del cebollón se había propagado de manera notable y con unos detalles minuciosos si bien para nada realistas. El largo bebedor, al llegar a casa, había desencadenado la leyenda urbana que más advertencias maternas ha enervado jamás un sábado noche antes de salir. Al borde de la inconsciencia, con ojos llorosos, aliento de whisky, vino y bilis, y puchero de cordero degollado, había jurado a sus crédulos padres con estas mismas palabras:
- Pero si yo no bebo, es que mis amigos son malos, y me han echado pastillas en la coca-cola.

Esto que provocó que la regañina que fintó de esa manera cayera sobre los otros dos compañeros en la iniciación botellonera, y acumulada a las que ya iban a recibir por méritos propios, tuvo como resultado una bronca monumental. El largo era un cabrón, si señor, un grandísimo hijo de puta. Cuando me lo contaron le dije al espigado:
- Yo lo habría dejado tirado, por cabrón, porque tiene cara de cabrón, se le nota. Si no lo hubieras llevado a su casa ahora estaría muerto y no tendríamos que estar escuchándolo.

El lunes por la mañana, como puede el lector suponer, la impactante noticia se había extendido por la ingenua ciudadanía -la que cree en los camellos reparten calcomanías impregnadas de LSD o en el hombre del saco- como una intensa onda sísmica. Por eso, cada vez que un chaval entre doce y veintidós años sale a tomar algo, su madre le dice: "no vuelvas tarde, ten cuidado, a ver si te van a echar algo en la bebida". Y todo el mundo conoce a alguien a quien le echaron algo en la bebida porque... ¡¡todos hemos mentido alguna vez a nuestros padres!!

Nota: hechos reales basados en una ficción basada en hechos reales.

La UGR recibe el doble de universitarios extranjeros de los que envía a otro país

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La UGR recibe el doble de universitarios extranjeros de los que envía a otro país. Es uno de los titulares de hoy de Ideal. La Facultad de Letras es el centro con más alumnos extranjeros (600). ¿Qué pasa con la Facultad de Traducción? ¿No debería ser ésta, por su naturaleza, la que participara en más intercambios?. En España (más en una ciudad tan pequeña como Granada) el concepto que tenemos de las distancias es distinto al europeo. Los sistemas de cercanías son nefastos. ¿Cuánto se tardaría en ir de Cenes de la Vega a Albolote usando el transporte público? ¿Dónde están el AVE y la autovía de Motril? ¿Qué conexiones tenemos con el aeropuerto? ¿Qué conexiones tiene nuestro aeropuerto, con el que se pedían hace ya meses unas conexiones desde París de las que aún no se sabe nada?

Pero la traba más grande es la económica. Nuestra adaptación a Europa por ahora ha supuesto una subida tremenda de precios, un cambio en el estilo de vida laboral, que ahora se asemeja más a esos trabajos de oficina de sol a sol con un descanso para el almuerzo, pero los sueldos, lejos de aumentar, se mantienen, lo que supone una disminución proporcional. Independizarse es un trance difícil de superar para cualquier joven. Sí, los hay que dicen estar independizados, viven en un piso de estudiantes cuyo alquiler pagan sus padres, pero eso no cuela, ¿no?. Para un español, irse a Europa, es una aventura económica un tanto más arriesgada que para un ciudadano europeo venir a España.

Las ayudas gubernamentales brillan por su ausencia o por su cuantía meramente simbólica. A todo esto se sumará el Plan Bolonia, que supone más trabas económicas para los estudiantes -encarece las tasas, dificulta la compaginación de estudios y trabajo-, deja la formación al alcance de un sector más reducido de población a través de la criba del poder adquisitivo y, por lo tanto resta, a la Universidad la cualidad que le da nombre: la universalidad.

¿Nos tendremos que seguir conformando con un enriquecimiento cultural basado en quienes nos visitan o podremos visitar nosotros otros países?

21 de enero de 2007

Leyendas urbanas (II)

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En el Callejón del Pretorio, entre los colegios Sagrado Corazón y Escolapios, se pueden escuchar algunas noches los alaridos del espíritu de una monja que fue decapitada por un cura con un hacha y cuyo cadáver permanece escondido en un aula a la que ya no se da uso. La historia adquiere cierto reflejo creíble si es recordada a la vez que se contempla la torre de los Escolapios desde el Genil a la vez que la Luna se levanta tras el Cementerio de San José entre nubes plateadas.

Historias similares se transmiten de generación en generación en otros colegios religiosos como la Divina Infantita y El Carmelo. En éste último la fallecida fue una profesora y el arma, ya más sofisticada aunque menos siniestra, una pistola. Como prueba queda el agujero que hizo la bala en un tabique después de atravesar el cuerpo de la mujer.

En mi colegio, no aconfesional, que cuenta con edificios de principios del siglo XX incluída la iglesia, no había ninguna leyenda negra.

20 de enero de 2007

Leyendas urbanas (I)

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Hay cosas obvias. Todo el mundo sabe que la masturbación provoca pérdidas de visión, de manera que ciega, si no se suicidó, debe estar a esta altura la niña que se untó el furry de nocilla -o mantequilla, o mermelada- para que su perro degustara tan sabrosa tostada mientras Ricky Martin esperaba en el armario, y todo esto a la vez era retransmitido por TV -esta historia tan verosímil, por cierto, está tan arraigada que hay gente que asegura haber visto las imágenes-. Recientemente, en www.laninadelamermelada.com amenazaban con publicar un video con los hechos reales. Parece que no han sabido ejecutar muy bien el montaje, pero la idea era buena -o quizá fuera más publicidad viral de parte de A3 para anunciar los flamantes especiales de Sorpresa...-. Incluso hay un vídeo:




Es de sobra conocido el hecho de que los drogodependientes cayeron en la adicción porque hay unos hombres, malvados y misteriosos, que reclutan consumidores de estupefacientes en los colegios: esperan a la salida y reparten calcomanías aparentemente inocentes pero que, en realidad, han impregnado previamente con LSD o cocaína. El sexo se convierte también en un problema cuando se practica con desconocidos cuya verdadera intención es extraerte un riñón para luego abandonarte a tu suerte en una bañera llena de hielo con una post·it pegado en el espejo.

Otros hechos algo más místicos En la wikipedia leo que «La hipoxia cerebral y un bajo riego sanguíneo provocan alucinaciones autoscópicas cuyo origen se ha determinado en un punto concreto de la corteza cerebral, así como, según la hipotesis formulada por Carl Sagan, a la revisión de los primeros recuerdos del nacimiento (salir de un estrecho y oscuro túnel a una luz brillante (alucinación autoscópica), encontrarse a gente conocida -en realidad unas figuras paternas-, sentirse a gusto con las endorfinas de la leche materna, etc...) en una serie de alucinaciones que la mente adulta interpreta en forma mística como experiencias religiosas en el umbral de la muerte, cuando poseen una explicación científica más económica y realista».

Es indiferente que una leyenda sea descabellada, que se desconozca su orígen o este sea inverosímil, todo el mundo la cree a pies juntillas.

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Hoy he visto el banner de 20minutos.es que publicita el concurso 20blogs (vótame, vótame, vótame). Consiste en la foto una puerta, como de retrete, que se abre y cierra. En la puerta se pueden leer, escritos a boli, los versos "si te he visto no me acuerdo, si te desvisto no te olvidaré en la vida". Éstos versos pertenecen a un tema del cantautor (creo que) granadino Fran Fernández. Los leí hace tiempo en la puerta del baño de La Tertulia. Me pregunto si la foto del banner de 20minutos es la de la puerta de la tertulia...

19 de enero de 2007

Sabina y Héroes del Silencio

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"Hay un mundo más allá del nuestro, un mundo que está lejos, también cercano e invisible. Ahí es donde vive Dios, donde vive el muerto y los santos. Un mundo donde todo ha pasado ya, y se sabe todo. Ese mundo habla. Tiene un idioma propio. Yo informo lo que dice. El hongo sagrado me toma de la mano y me lleva al mundo donde se sabe todo. Allí están los hongos sagrados, que hablan en cierto modo que puedo entender. Les pregunto y me contestan. Cuando vuelvo del viaje que he tomado con ellos, digo lo que me han dicho y lo que me han mostrado."

M. Sabina


En 1998, dos años después de su separación, apareció Rarezas, un nuevo disco de Héroes del Silencio que como su propio nombre indica recopilaba temas, versiones y directos inéditos. El esperado disco recoge en la quinta pista el tema Medicina húmeda, que comparte instrumentación con Rueda, fortuna (Avalancha, 1996), pero cuyo texto y voz cambian por completo. La letra de Medicina húmeda es la siguiente:

Permanece atenta / a los rasgos de la muerte / por el árbol transparente /de la cárcel de los bosques.

Dime lo que no es real / las plantas generosas quizás / no te dejen ir / donde las caras se desdoblan.

Lo que el ojo no ve / se cubre de enfermedad / figurando ser un rostro / el águila devora a la serpiente.

Europa se aburre / balbucea en vez de hablar / y debería parar / de fabricar sus tinieblas.

Santa María Sabina dice /Dios es azul / las costelaciones dice / Caballo, Huarache, Bastón y Cruz.

Dime lo que no es real / las plantas generosas quizás / no te dejen ir / donde las caras se desdoblan.

Los espectros conocidos / con nombre de gravedad / entre sus pliegues de piel un derrumbe /
que me incitará a explorar.

Europa se aburre / balbucea en vez de hablar /y debería parar / de fabricar sus tinieblas.

Hay un verso que en muchas fuentes aparece entre interrogaciones, el que dice Santa María Sabina dice Dios es azul. Pese a que los seguidores Héroes estamos acostumbrados a la complejidad de los textos de Bunbury, más de uno (me incluyo) se preguntó qué tenía qué tenía que ver Joaquín Sabina con la Virgen María y cuándo había dicho que el cielo es azul. He aquí la respuesta.

El texto se refiere a María Sabina, una curandera de Huautla de Jiménez, un poblado del sur México, que fue visitada durante su vida por celebridades occidentales -The Beatles, The Rolling Stones, Bob Dylan, Aldous Huxley-. La curandera al parecer tenía éxito en sus actividades esotéricas, librando de enfermedades a quien la visitara mediante cánticos y el uso de hongos con los que viajaba a un mundo más allá del nuestro, un mundo que está lejos, también cercano e invisible.

Conociendo esta historia, entre la leyenda y lo real, del México profundo, es más fácil comprender el texto de Héroes del silencio. Disculpen el título de la entrada, no puede evitar ser lo más comercial posible.

Dime ahora, payo al que llaman España, si ha valido la pena destruirme

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Hay restos de mi figura y ladra un perro.
Me estremece el espejo: la persona, la máscara
es ya máscara de nada.
Como un yelmo en la noche antigua
una armadura sin nadie
así es mi yo un andrajo al que viste un nombre.

Dime ahora, payo al que llaman España
si ha valido la pena destruirme
bañando con tu inmundo esperma mi figura.
Tus ángeles orinan sobre mí.

San Pedro y San Rafael
en una esquina comentan
mientras avanzo borracho
sobre esa piedra, payo,
que llaman España.


L.M. Panero


Caminando al trabajo escucho la voz de Panero recitando. Escucho también la piel crujir como cascajos de arcilla cuarteándose y el corazón latir como sucesiones de pasos sobre un pasillo hueco. Hay aceras sobre esa piedra que llaman España por las que es mejor no caminar. Hay calles que no he visitado nunca pese a pasar cada día por ellas. Hay zancadas que siempre encuentran un traspiés, hay sístole sin diástole y oximorón cardíaco y corazón sin literatura. Hay aceras por las que caminan los escritores vencidos y las frases de Groucho se extrapolan como puñales sin forma de puntería huida.

La crudeza de Panero reside en una verdad ciclópea:

Tengo a un idiota de pie sobre una plaza
mirando y dejándose mirar, dejándose
violar por el alud de las miradas de otros, y
llorando, llorando frágilmente por la luz.

Sobre esa piedra que llaman España transcurren vidas que encajan entre sí como el Ying y el Yang, pero casi sin tocarse salvo por accidente, y las miradas no se cruzan salvo para violar con una burla la intimidad zaherida de los literatos, y todo porque hay barcos que buscan ser mirados para poder hundirse tranquilos.

18 de enero de 2007

Doble ventana

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La mayoría de los universitarios están ya encerrados en las salas de estudio de la UGR -por el momento sólo diurnas- y en sus casas preparando exámenes y completando apuntes. Algunos de ellos pueden recurrir a la bolsa electrónica de apuntes y trabajos que puso en marcha el vicerrectorado de Estudiantes en su portal -http://ve.ugr.es-. Aumenta poco a poco el número de apuntes y de trabajos que se pueden descargar en la red de redes y también los usuarios.

Fuente: ideal.es

Las habitaciones se pueblan de calefacción, de tazas de café casi hirviendo, de tabaco en cigarrillos arrugados después de haber pasado varias horas en el bolsillo de un vaquero desteñido y rasgado. Las habitaciones derriten la luz ámbar, quizá rojiza, de un flexo metálico heredado, un flexo que tantas horas de folios y libros ha visto. En tu cabeza caen pesados telones de fonética española, de precedentes históricos, de determinantes de matrices traspuestas, de algoritmos de ordenación y árboles binarios, de membranas atravesadas por sodio y potasio. Consonantes labiodentales, Carrero Blanco, Bolzano y Weirestrass, la burbuja, decenas nombres, hechos y procedimientos que se enmascaran en un folio blanco en el que brilla la tinta de letras azules a veces resaltadas con rotulador amarillo. Pero tú divagas, imaginas, fingiendo recordar, una habitación mucho más austera que en la que estás ahora, unos pocos folios en la mesa y una luz grisácea que se empieza a azular al atardecer, quizá un par de fotos pegadas en la pared y al otro lado de la ventana un paisaje remoto que te ayude a hundirte en una soledad tan silenciosa como irreal. Tomas un folio en blanco y empiezas a escribir, desde la nada, privando a tu memoria de teoremas, de biografías novelescas como la de Franz Kafka, de fármacos con nombres impronunciables. Dejas correr la tinta sobre el papel en blanco, garabateando algunas frases que poco después tirarás despedazadas a la papelera o dejarás amarillear en alguna carpeta sin volver a leerlas nunca más. Entonces te levantas, te acercas a la estantería y coges un grueso tomo de Antonio Machado, lo abres casi por la mitad y lees:

¿Dónde está la utilidad
de nuestras utilidades?
Volvamos a la verdad:
vanidad de vanidades.

Y levantas la vista y miras por la ventana hacia la Sabika, pero lo que ves en realidad es el eco imaginario de un pasado inexistente, recordado quizás como un futuro vaticinado por el deseo y el ímpetu pusilánime que te deja sentado en el sillón frente al escritorio a la vez que excita tu imaginación, convirtiéndote en un extranjero lejano como Federico García Lorca en Nueva York, como Paul Auster en París, como Washington Irving en Granada, y la mirada se torna profunda y reflexiva como la del Che Guevara pero el corazón se queda tibio e inerte como el de un cerdo recién degollado. Blaise Pascal dijo que es más hermoso saber algo de todo que saber todo de una cosa; esta universalidad es más bella. Si se pudiera tener las dos, mucho mejor; pero es preciso elegir. Lewis Carroll escribió Alicia en el país de las maravillas, Charles Dogson redactó un Tratado sobre determinantes, y ambos eran la misma persona. Luis Martín-Santos se licenció en Medicina en 1946 con premio extraordinario y en 1961 publicó Tiempo de silencio, una de las mejores novelas de la literatura española del siglo XX que le valió comparaciones con James Joyce. Escribió sólo una novela porque la muerte le sorprendió joven, a los cuarenta años de edad, y dejó unas cuantas obras incompletas. Tú llevas dos o tres años engrosando un borrador que no lleva a ninguna parte, porque está contagiado de fórmulas matemáticas, de métricas calculadas, de hemoglobina y alcohol y tabaco, de fluidos vacuos como una bombila fundida, de una rutina espantosa que hace que la misma frase se repita una y otra vez, mutando a lo largo del mismo texto como el virus de la gripe. Recuerdas como vividos los paisajes ajenos que ahora ves a través de tu ventana, vistas que jamás te pertenecieron y que intentas hacer propias para tener algo que contar, para vivir fantasiosamente la historia que inspire un texto de exquisita calidad técnica y narrativa magistral. Anotas algo más en el papel y entonces agitas la mano dejando surcos de tinta que ocultan las palabras que acabas de escribir, necesitas un par de días para vaciar tu cabeza, para ejecutar el movimiento conveniente sobre el papel o pulsar las teclas precisas en el teclado, pero las consonantes labiodentales, Carrero Blanco, Bolzano y Weirestrass, la burbuja, decenas nombres, hechos y procedimientos siguen ahí, mezclándose en tu memoria. Volverás a hacer café, piensas, te sentarás a beberlo pausadamente y después seguirás estudiando; pero cuando des el último trago, tan amargo como los demás porque no utilizas edulcorante, decidirás ponerte el abrigo negro, atarte al cuello una bufanda de lana marrón y salir a la calle a pasear: en la calle está la verdad, en las ciudades, en el mundo, en París, en Munich, en Londres, en Madrid y en Nueva York; en las habitaciones sólo hay reflejos imaginarios que ocultan la Sabika al proyectarse sobre el cristal.

17 de enero de 2007

El toro

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Esta traducción libre de una versión libre de eso de "valor, suerte y al toro" podía leerse en una revista de hace ya meses en un vuelo de Ryanair. Ya viene mal en español: Valor, Suerte y el toro. Además, la traducción la hicieron literal Courage, luck and the bull. España se vende a Europa como cuna de la tauromaquia y además de una manera muy cateta.

Constelaciones quiméricas

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Retomo, en forma de meme que os paso a todos, una entrada de Camelia en la que propone realizar dos listas, una de cosas agradables y otra de cosas desagradables. Si seguís el meme dejad un comentario. Ahí van:

Cosas agradables en un solo día

- El calor simultáneo del brasero y del café después de comer.
- Un chiste tonto.
- Una ilusión ajena.
- El queso en su punto exacto.
- Haber creado una ficción verosímil.
- Elogios, baratos pero elogios al fin y al cabo.
- Subo posiciones en 20minutos.es y puedes seguir votándome.

Cosas desagradables el mismo día

- Despertarme casi sin respiración.
- Alucinar febrilmente.
- Van ya tres días de clausura selectiva.
- Van ya tres días de penitencia amorosa.
- Hoy la gente sigue preocupándose más por mangonear que por trabajar.
- Síndrome de abstinencia.
- Ruido.
- Flemas.
- Enero pasa ya la mitad, y febrero se aproxima amenazante.
- La musa se ha muerto, o está de excedencia.

Disyuntiva

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En la vida hay dos opciones: ser persona o ser gilipollas. La mayoría de la gente, ante una disyuntiva, se queda con la segunda opción, lo aprendí en un recreo a los seis años de edad. Campoy se acercó a Isaac, un chaval algo lelo que iba vestido convenientemente para hacer gimnaisa, y le preguntó:
- Isaac, ¿tus pantalones son vaqueros o de chándal?
- De chándal -respondió Isaac.
- ¿Ves? -me dijo Campoy, y acto seguido se dirigió a Isaac y le volvió a preguntar- Isaac, ¿tus pantalones son de chándal o vaqueros?
Isaac miró extrañado antes de responder, como si se esforzara en encontrar la respuesta correcta:
- Vaqueros...
Se tocó la tela suave del pantalón y, extrañado, guardó silencio.

16 de enero de 2007

Mi cruz

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No ha hecho falta una sola palabra, quizás ha sido un cúmulo de todas, quizás sea cierto que el tiempo pasa y lo pone todo en su sitio, porque no ha hecho falta que ocurra nada en concreto, sencillamente hoy me he dado cuenta de que éste no es mi lugar, de que mi presencia aquí no tiene sentido. Quién me lo iba a decir, que pasen estas cosas en una ciudad tan pequeña. ¿Cómo salir de aquí? ¿Cómo escapar de esta doctrina? Todo fue una pose desde que empezó, un fingimiento, un par de sonrisas, un par de buenas palabras que pergeñaran unos propósitos impecables, hipocresía, al fin y al cabo, hipocresía. Jamás creí en esto, pensé que podría controlarlo, que en una ciudad tan pequeña no había sectas, porque esto es una secta, odiosa y vil como cualquier otra, aunque se escude en esa falacia legal que es la fe; y cuando me pregunto qué es lo que me ha traído hasta aquí, a esta casa, a esta situación, me doy cuenta de que ha sido otra mentira mayor aún: la de un amor que jamás existió.

Él, Ismael, lo sabe porque planeó todo desde el momento en que nos conocimos, desde el primer beso, falso como mi fe religiosa, como la de todos aquí. Fingimos, como si fuéramos adultos, un amor que sustente su vida, no la mía, que me ha sido arrebatada, la suya, escrita por su familia, por los miembros de su fe falaz. Aparentamos un amor que respalde la mentira del noviazgo casto, y dentro de unos años la de un matrimonio de conveniencia, adinerado, pulcro de espíritu en apariencia, fértil en hijos. Creced y multiplicaos, dijo Dios, y si no salgo de aquí pronto albergaré en mi vientre monstruos como ellos, como Ismael y toda su familia, felices como robots diseñados para procrear, para dirigir empresas prósperas y mantener a mujeres que les den hijos mientras ellos van trajeados a follar con putas baratas como van a la iglesia a aparentar, con el pelo engominado, el peinado perfecto, la chaqueta y la camisa impecables y las insignias bien relucientes en la solapa. Meapilas de profesión, eso es lo que son.

¿Y mi vida? ¿Dónde ha quedado? Durante un año he ido perdiendo gota a gota cada momento, cada recuerdo, diluido como un pasaje al azar de una novela leída hace mucho tiempo. Dónde están mis amigos, dónde está mi familia, dónde los dejé. Qué dios te obliga a abandonar a quien tú quieres. Ya no sé si podré recuperar mi vida anterior. Así lo hacen. De alguna manera me manipularon para que abandonara a todo el mundo y me dedicara solamente a ellos, como una clausura del alma, así consiguieron atraparme y privarme de un lugar al que volver cuando quisiera escapar.

Y ahora intento salir de aquí, porque ya no quiero engañarme más a mi misma, porque me he dado cuenta de que las mentiras que he contado se han vuelto contra mí, porque no quiero escuchar más esas palabras en las que nunca he creído. Cómo que castidad y respeto, putero; cómo que caridad, avaro; cómo que respeto al marido, cerdo; cómo que la otra mejilla, cabrón; cómo que fe en Dios, hipócrita. Pero yo no puedo decidir, porque cuando intento salir de aquí siempre encuentran la manera de convencerme, de salvar mi alma de las garras del Demonio que, dicen, acecha a cada momento. No te separes de nosotros, me decían, porque solos somos débiles ante Lucifer, porque el demonio le habla a los corderos descarriados y tu alma corre peligro sin nosotros. Satanás está en todas partes, tentándonos para matar nuestras almas. Y luego, con esa sonrisa metálica que siempre me dio miedo, me hablaban de la familia, del amor que sentían por mí, y yo me quedaba sin palabras y seguía tragando, sin saber cómo escapar, cómo hacer audible mi voz. Asistía a sus reuniones, escuchaba sus mentiras sin creérmelas, pero al final actuaba como uno de ellos, como si practicara una fe ciega que iba anulando mi personalidad, sí, mi personalidad, mi voluntad, mi persona, mi vida, destruida por una mentira, la mentira más grande jamás contada.

15 de enero de 2007

Ya no cierro los bares

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Ya no cierro los bares
ni hago tantos excesos
cada vez son más tristes
las canciones de amor

J. Sabina


En lunes por la mañana me ha venido a la memoria aquella canción de Sabina, la que suena a tequila: ya no cierro los bares/ni hago tantos excesos/cada vez son más tristes/las canciones de amor. La vida en general hace que uno cambie, que ya no ignore al sol cuando sale. Ahora me levanto a la hora a la que antes me acostaba, y me acuesto sobrio a la hora a la que antes salía de casa, con el abrigo negro y largo, sin intención de volver antes del amanecer.

Antes regresaba con los primeros albores que resplandecían como fuegos fatuos por detrás de la Sabika, con los últimos efluvios dulces del obrador de la Avenida de Cádiz impregnando la humedad fría que precede a la mañana. Por el bulevar de la Calle Circunvalación piaban pájaros madrugadores y los gatos se escondían antes de dejar de ser pardos. Ahora veo la Sabika oscura de desde mi ventana, y el único resplandor es el de la Luna cuando sale temprana o el de los muertos que intentan escapar hacia el Guadalquivir. Los fantasmas habitan todas las calles y todas las habitaciones de esta ciudad. Ya no cierro los bares, espero en mi habitación, vigilado por la Luna. Ya no escribo canciones de amor. La guitarra se desafina, como una voz envejecida y arrugada, como una partitura polvorienta, como mi voz que pierde presencia en los procesos febriles. Ya no salgo a la calle sin bufanda o cuello alto, sin frotarme las manos de cuando en cuando.

Hoy me he levantado con algo de fiebre, tosiendo. Un humo extraño, como de hojarasca, parecido a una niebla de malos presagios, ha cubierto estos días con un visillo tenue el Zaidín, y ha debido enfermarme. Seguramente me perderé la clase de esta tarde del Profesor Núñez. Me quedaré en casa tosiéndole a alguna novela, con los ojos húmedos, despeinado. Nadie se dará cuenta de mi ausencia, nadie mirará a los asientos vacíos de la última fila ni echará de menos mi presencia silenciosa. Nadie. Me acostaré temprano, poco después de cenar algo ligero, pero nadie llamará para decir "te espero a las doce en El Cortijo, no tardes", ya no hay llamadas de madrugada para quienes antes se perdían por las calles negras de Granada cargando botellas de licor. Ahora todo gira entorno a unos horarios impuestos. El trabajo coarta la libertad, embota la mente y la llena con sandeces que se alejan de las necesidades del hombre. Pasamos el día entre papeles y servidores, entre consultores y gerentes, y cada vez son más tristes las canciones de amor.

Ya no cierro los bares, ni hago tantos excesos. Dos copas me desatan la lengua, me agudizan el ingenio y me cargan la boca de dardos, de dobles sentidos que la gente tiende a no entender. Cada vez son más cortas las noches. Necesito el doble de tiempo para descansar y el doble de días para que mi estómago vuelva a ser el mismo después de una noche de rondas por tabernas. Y sin embargo echo de menos las llamadas a las doce, las escapadas por Granada, las madrugadas en vela tocando canciones que nosotros hacíamos. Añoro el insomnio de la adolescencia, de los bares, de la literatura secreta e inédita, de la calle vacía y fantasmal, de los aeropuertos, de un viejo autobús que atraviesa como un rayo un bosque inglés dejando su estela carmesí en los ojos de los zorros. Ya perdí el vigor joven que me prometí recuperar hace unos meses y que inevitablemente parece haber escapado dando lugar a largas mañanas de procesos gripales, a tardes de café y brasero, a noches de duermevela febril. Ya no nos vemos en aquellos bancos desvencijados para hablar de rocanrol, para desgranar fantasiosamente la belleza de alguna muchacha de clase, para ver las noches pasar con el enigma de la Luna sobre la Sabika, tras el torreón de la avenida.

Ya no cierro los bares, ni hago tantos excesos, cada vez son más tristes las canciones de amor.

14 de enero de 2007

Historias que giran en blanco y negro

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Hace ya demasiado tiempo como para que de detalles, escribí un relato que hablaba sobre un pianista enamorado. El texto se basaba en el personaje de El hombre al piano, de Ana Belén. Hace no mucho dejé una anotación póstuma acerca de este siniestro personaje en El Blog de J. Effing. Un tal Risto me dejó este comentario: "Deberías haber leído el original, la copia es una mierda de traducción. Deberías simplificar. Deberías utilizar el castellano que conoces, el que utilizas habitualmente. De lo contrario eres carne de periódico local. Risto."

Sin dar explicaciones del método que parezco tener para usar el castellano que no conozco, os cuento. Efectivamente, el tema, popularizado en España por Ana Belén, tiene una versión orginal en inglés. La adpatación al español ignora por completo las historias que se cuentan en la original, quedándose sólo con algunos versos para contar una historia que poco tiene que ver con el original, cuya letra, en la versión de Billy Joel, es la siguiente:



It's nine o'clock on a Saturday
The Regular crowd shuffles in
There's an old man sitting next to me
Makin' love to his tonic and gin

He says, "Son, can you play me a memory
I'm not really sure how it goes
But it's sad and it's sweet and I knew it complete
When I wore a younger man's clothes."

La la la, di da da
La la, di da da da dum

Chorus:
Sing us a song, you're the piano man
Sing us a song tonight
Well, we're all in the mood for a melody
And you've got us feelin' alright

Now John at the bar is a friend of mine
He gets me my drinks for free
And he's quick with a joke or to light up your smoke
But there's someplace that he'd rather be
He says, "Bill, I believe this is killing me."
As the smile ran away from his face
"Well I'm sure that I could be a movie star
If I could get out of this place"

Oh, la la la, di da da
La la, di da da da dum

Now Paul is a real estate novelist
Who never had time for a wife
And he's talkin' with Davy, who's still in the Navy
And probably will be for life

And the waitress is practicing politics
As the businessmen slowly get stoned
Yes, they're sharing a drink they call loneliness
But it's better than drinkin' alone

Chorus
sing us a song you're the piano man
sing us a song tonight
well we're all in the mood for a melody
and you got us feeling alright

It's a pretty good crowd for a Saturday
And the manager gives me a smile
'Cause he knows that it's me they've been comin' to see
To forget about life for a while
And the piano, it sounds like a carnival
And the microphone smells like a beer
And they sit at the bar and put bread in my jar
And say, "Man, what are you doin' here?"

Oh, la la la, di da da
La la, di da da da dum

Chorus:
sing us a song you're the piano man
sing us a song tonight
well we're all in the mood for a melody
and you got us feeling alright

Sábado

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Va a resultar que, con el tiempo, las cavilaciones de Jack el Destripablogs van a ser ciertas. Ahora mismo, madrugada del sábado 13 al domingo 14 de enero, estoy en casa escribiendo esta entrada. Y lo peor de todo es que estoy sobrio. La peor droga que he tomado hoy ha sido la radiación del televisor, que los fines de semana suele ser especialmente perjucial.

Por lo que he visto en un programa interesantísimo, en algún sitio alguien se ha dejado la plancha encendida, se le ha quemado, y la superficie chamuscada tiene la forma de la cara de Cristo. De esto se deben haber dado cuenta comparando la plancha churrascada con la cara de Max von Sydow o de la talla de la iglesia del barrio -los hay muy listos, por eso los sacan por la tele-. Al caso ha venido recordar, también, la historia de una mujer a quien un desconocido regaló una concha que tenía manchas con la forma de la cara de Jesús. La gente de la tele dice haber investigado estos casos llegando a la conclusión de que no hay fraude, y yo me creo todo lo que dicen por la tele, porque es la tele, aunque yo hasta ahora creía que la cara de Jesús, lejos de ser espigada y poblada de pelos lisos, era más o menos como la de la foto: una mezcla entre Shrek y una caricatura de Sadam Hussein versión Los Sims.

Semejantes hallazgos sobrenaturales han contribuido a quitarme el sueño, y a falta de un compadre que me sacara a ahogar las inquietudes en alcohol me he quedado en casa cumpliendo el perfil típico de informático, enclaustrado en la soledad de una habitación y un flexo, escuchando a Nacho Vegas cantar con palabras norteñas. Una cosa na vida ten por segura, ten por segura: al final sólo hai soledá y amargura. Y ye la canción de la duermevela, y ye la canción que na mio alma suena.

La cara de quién aparecerá entre las cenizas de la noche, esparcidas como posos empapados de café, cuando se consuma la noche. La cara de quién surgira ante tus ojos agitados, como un dios aparecido, en el primero sueño del alba, ése que olvidarás cuando despiertes.

13 de enero de 2007

Cinco cosas que has de saber antes de entrar a la Universidad

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Edu, un amigo, me ha mandado por correo esta lista de cosas que una persona debe saber antes de entrar a la Universidad:


1. No importa lo tarde que sea tu primera clase, te vas a dormir igual.
2. Vas a cambiar completamente y no te darás cuenta.
3. Puedes amar a varias personas de manera diferente.
4. Los alumnos de la universidad también tiran avioncitos de papel durante la clase.
5. Si vas a clases con zapatos, te preguntarán por qué andas tan elegante.
6. Cada reloj del edificio muestra una hora diferente.
7. Si eras inteligente en el colegio, mal presagio.
8. No importa todo lo que prometiste al salir del colegio, irás a las fiestas de la Universidad, aunque sean la noche anterior al examen final.
9. Te puedes saber toda la materia y te irá mal en el examen.
10. Puedes no saber nada de la materia y sacar un 7 en la prueba
11. Tu casa es un lugar perfecto para ir de visita.
12. La mayor parte de la educación es adquirida fuera de las aulas de clase.
13. Si nunca bebiste, vas a beber.
14. Si nunca fumaste, vas a fumar.
15. Si nunca follaste, vas a follar.
16. Si no haces nada de esto durante la universidad, nunca mas en la vida lo harás, a menos que entres de nuevo a la universidad.
17. Te vas a transformar en una de esas personas que tus padres te aconsejaron alejarte de ellas.
18.Psicología es en verdad biología
19. Biología es en verdad química
20. Química es en verdad física
21. Física es en verdad matemática; o sea, aunque estudies años, igual no vas a saber nada de nada.
22. Sentir depresión, soledad o tristeza no son exquisiteces de quien no tiene nada que hacer.
23. Siempre prometerás que el próximo cuatrimestre estudiarás mas y saldrás de fiesta menos pero siempre ocurrirá lo contrario.
24. Las únicas cosas que valen la pena de la universidad son los amigos que conocerás allí.
25. No verás la hora de terminar la Universidad.
26. Cuando termine te vas a dar cuenta de que fue la mejor época de tu vida.

CUANDO TERMINA LA UNIVERSIDAD, LAS SEÑALES DE QUE YA NO ESTÁS EN ELLA SE NOTAN CUANDO:
1. Tener sexo en el asiento de un cohe es un absurdo.
2. Hay más comida que cerveza en tu refrigerador.
3. Las seis de la mañana es la hora en que despiertas y no en la que te vas a acostar.
4. Tu música preferida la escuchas cuando vas en el ascensor.
5. Andas con paraguas y te preocupas de la predicción del tiempo.
7. Tus vacaciones disminuyen de 130 a 15 días por año.
8. Los vaqueros no forman parte de tu vestimenta.
9. Eres tú el que llama a la policía porque los capullos de los vecinos no bajan la música.
10. Ya no sabes a qué hora cierran los autoservicios.
11. Dormir en el sillón te da un puto dolor de espalda increíble
12. Ya no duermes siesta entre las 12 y las 6 de la tarde durante la semana.
13. Vas a la farmacia a comprar analgésicos y antiácidos y no condones o test de embarazo.
14. Te tomas el desayuno a la hora del desayuno.
15. Más del 90% del tiempo que pasas frente al ordenador, de verdad estás trabajando.
16. Ya no bebes solo en casa antes de salir para economizar antes de la buena borrachera.
17. Y lo más importante... Ya no tienes tiempo ni siquiera de leer este mensaje y aprovechar a pasarlo a tus amigos para que ellos se acuerden que también están viejos y los buenos tiempos de la universidad ya se fueron o se están yendo PARA MUCHOS ESTA AVENTURA NO HA HECHO MAS QUE EMPEZAR. POR LO QUE HEMOS SIDO, LO QUE SOMOS Y LO QUE SEREMOS (¿?), DISFRUTEMOSLA!

El rey

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Acabo de llegar del concierto que ha dado Nacho Vegas en la Industrial Copera de Granada. Espero que pronto podais leer la crónica en Lenguas de Fuego. Hablando de un sueño un tanto raro en el que apareció José Alfredo Jiménez y que le inspiró El hombre que casi conoció a Michi Panero, ha contado que acababa de llegar de la gira de Méjico, donde ha tenido la oportunidad de visitar la Plaza Garibaldi y el famoso Tenampa -al que Ismael Serrano ya dedicó unos versos-. Allí José Alfredo Jiménez solía tomar ciertas cantidades de tequila hasta que un día se quedó sin dinero para beber. Según cuenta Nacho Vegas, el dueño le hizo una oferta: si escribía una canción podría beber todo lo que quisiera. Así compuso aquellos versos que decían:

Con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero,
Y mi palabra es la ley, no tengo trono ni reina
Ni nadie quien me comprenda... Pero sigo siendo El Rey.

12 de enero de 2007

La enfermedad de las palabras

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Las palabras, células de los idiomas, encajan a la perfección en esa definición básica de ser vivo: el que nace, crece, se reproduce y muere. Las palabras nacen generalmente de otras palabras, crecen extendiéndose por los hablantes -unas más, los vulgarismos, y otras menos, los cultismos, sabios pigmeos del diccionario-, se reproducen uniéndose a otras palabras, dando lugar a nuevos vocablos, y mueren cuando dejan de utilizarse. A lo largo de este proceso las palabras padecen uno de los males que puede padecer cualquier ser vivo: la enfermedad. Las palabras enferman de significado cuando el concepto que representan se ve pervertido por un uso innoble. La sintomatología recibe el nombre de eufemismo, y su hipérbole significa la patología terminal que acaba con una palabra, es decir, con una parte importante de un idioma. Quiero decir con esto que los idiomas pierden vigor y sentido cuando se dicen las cosas a medias tintas.

Quiero recordar -aunque tengo mala memoria- que fue en la novela Plenilunio, de Antonio Muñoz Molina, donde leí por primera vez algo al respecto. En este caso la palabra damnificada era manicomio. La novela cuenta cómo el terror que causa en la gente es tal que se empieza a utilizar la palabra sanatorio en su lugar, como una manera de negar una realidad. Sin embargo, la palabra sanatorio, eufemismo de manicomio, termina por adquirir su significado, y entonces hay que buscar otro significante, inmaculado, con el que hablar de los loqueros sin que la gente se escandalice.

Hoy Fernando González Urbaneja escribía sobre algunas palabras enfermas (la negrita la he puesto yo):

Hay que reconocer que los terroristas han ganado la baza del lenguaje, imponen las palabras y el contenido equívoco a las mismas que les conviene para confundir a sus adversarios, a las personas de bien. Por ejemplo, escuché estos días como el ministro del Interior (que es persona bregada) calificaba como “miembro legal” de ETA a uno de últimos terroristas detenidos en Francia. Para los terroristas son legales no los que cumplen la ley sino los que no están identificados por la policía. ¿Porqué aceptamos ese deseable “ser legal” para un despreciable terroristas que nada con explosivos y atentados? Es un botón de muestra, pero hay muchos más.

¿Porqué aceptamos el término “abertzale” (patriota) como definitorio de ideología o de comportamiento atribuido a estos terroristas? ¿Porqué siguen muchos medios internacionales utilizando la calificación de separatistas a los etarras en demérito de la de terroristas? En esta materia queda mucho por hacer y como lo urgente desplaza a lo importante nadie se ha puesto a la tarea con suficiente diligencia y éxito.

Del mismo modo, aunque con crítica y polémica, se ha acusado a Zapatero de utilizar el término accidente para referirse al atentado de barajas. Estas polémicas se deben a dos razones. La primera a un lapso terrorífico del Presidente, compartido también con otro político del PP -aunque de esto se ha hablado menos en la casa pepeísta porque no interesa-. La segunda razón es el papel de virus que el hombre juega en el lenguaje. El político tiende al eufemismo, al intento de sinonimias que no existen, y generalmente estas prácticas evacuan de las palabras todo significado, intentan borrar de la realidad algo que no se quiere ver.

Más allá de todo esto, la palabra atentado ( 4. m. Agresión contra la vida o la integridad física o moral de alguien, en el DRAE) parece venir de un efecto similar. Quizá deberíamos buscar un término "saludable" que recogiera lo que intentamos decir de una manera políticamente correcta con la palabra atentado. Imagínense una palabra que significara:
1. tr. Matar a alguien con premeditación, alevosía, etc.
2. tr. Causar viva aflicción o grandes disgustos.
3. tr. Dicho de una persona en quien se confía: Engañar en un asunto grave.

Nótese lo adecuado de esta palabra. Recoge en su primera acepción los conceptos de matar (inicial en mayúscula), premeditación y alevosía, bastos, en el sentido enfermo de la palabra, para calificar el acto en sí como condenable y repugnante. En la segunda acepción encontramos una retórica excelente (viva aflicción) que dota de expresividad unívoca el sentido de dolor que se pretende manifestar. El tercer significado habla de confianza, pero también de engaño y de gravedad. La palabra en cuestión, menos presente de lo necesario al hablar de ciertos temas, es asesinar, de la que viene asesinato, término que con el tiempo se ha ido sustituyendo por atentado igual que, en un alarde de amplitud de vocabulario, se habla de víctimas en lugar de muertos sin especificar siempre que son víctimas mortales.

El idioma, medio de expresión de un pueblo, padece cuando padece el pueblo, sufre las mascaradas del mismo y se pervierte con la perversión, el miedo y la ignorancia. Llamar a las cosas por su nombre es una norma de nuestro sabio refranero "al pan, pan, y al vino, vino" que se suele olvidar ante la preocupación de mantener una buena imagen, de dar un rodeo sutil a esas trabas de la vida que no lo serían tanto si se encararan, pero tampoco se equivoca la sabiduría popular al afirmar que "la verdad duele".

11 de enero de 2007

Cosas que no tienen perdón

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Esta foto la tomé en un hotel en Victoria Street (Londres, UK) hace ya tiempo. Haz click en la imagen para ampliar y leer.

10 de enero de 2007

Periodistas

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Mi próxima andanza pedagógica es participar en un trabajo en equipo sobre periodismo. En los epígrafes que redactaré tengo que hablar sobre los orígenes del periodismo en España, los orígenes del comentario periodístico y la tipología del lenguaje utilizado. Sobre la historia del periodismo tendré que documentarme. La tipología del lenguaje, sin embargo, parece de más fácil acceso, aunque de amplio contenido.

Se puede abordar de una manera extensa cada una de las patadas al español que aparecen en los periódicos (leísmo, laísmo, pomposos futuros de subjuntivo fuera de lugar, léxico utilizado al tuntún que muta para adoptar nuevos significados, signos de puntuación que parecen escupitajos aleatorios et caetera). No sé si vendría a colación explicar que pensamiento y lenguaje suelen ir unidos, de modo que estos errores pueden ser fruto de una falta de documentación imperdonable. Recuerdo una entrevista a Enrique Bunbury -creo que en Desesperado Club Social, creo que realizada por Christian, ahora de CQC-, poco después de editar Flamingo's, en la que le preguntaban si después de "One, two, three" pensaba ampliar su repertorio de canciones en inglés. La respuesta debió causar ciertas dificultades al reportero para contener el rubor: la letra de "One, two, three" era en español, Bunbury jamás había escrito o publicado ningún texto en inglés.

Otra de las posibles razones que restan calidad a los textos periodísticos es la desmitificación del trabajo. Uno se prepara para desarrollar una actividad apasionante. Durante años estudia, investiga, aprende, y cuando la pasión se convierte en actividad laboral todo se mecaniza para obtener niveles óptimos de rentabilidad. El trabajo convierte tu pasión en rutina, te roba lo que más querías, lo que te hacía sentirte vivo, y entonces tienes que buscar otra cosa, algo que de cuando en cuando te saque de esa telaraña laboral que te ha convertido en un robot. Es impresionante hasta que punto los fines comerciales pueden alienar lo mejor de la vida.

periodismo.
1. m. Captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades.
2. m. Estudios o carrera de periodista.

Diccionario de la RAE
Otra duda que tengo es si se debería hablar de la blogosfera como parte del fenómeno periodístico. Creo que de sobra entra dentro de la acepción de la RAE. Las plataformas digitales han contribuido al desarrollo periodismo ciudadano, ese efecto tan peligroso que hace que cualquiera pueda no sólo decir lo que quiera, sino además propagarlo a los cuatro vientos. Al fin y al cabo, un bloguer, por poco estilo que tenga, por bárbaros que sean sus errores, no estará alejado de los defectos de un profesional -en todo campo, las diferencias entre profesional y aficionado se miden por la nómina, no por la calidad-.

Sobre el autor de este blog

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SOBRE ESTE BLOG


1. Me caes mal, tú, sí, tú. Eres subnormal.
2. Follo con hombres y con mujeres (mañana os daré un relato detallado de cómo fue la primera vez que se me corrieron en la cara a la vez que sodomizaba a una heroinómana)
3. Soy misógino, feminista, independentista, fascista y hippie. Todo a la vez.
4. Me acabo de depilar el culo, en cuanto se me quiten los granos lo fotografío y cuelgo el documento. Desde ese momento este blog pasará a llamarse MI ANO TIERNO y pasará al género fotoblog.
5. El fin de semana que viene, después del concierto de Nacho Vegas, me voy de putas al Don Pepe, que me pilla al lado. Grabaré un video, lo colgaré en pornotube.com (la parte porno de Internet 2.0) y lo enlazaré desde aquí.

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9 de enero de 2007

Las tetas de la discordia

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En 2006, Ana María Ríos Bemposta, una peluquera gallega, fue detenida en México, de manera irregular, por un delito que no había cometido -como el Equipo A- . Los medios se encargaron de convertirla en el producto televisivo del momento. Telediarios, radio, revistas, periódicos, esos ladrillos amarillentos que ponen a cada cual donde más interesa en cada momento, nos contaron la historia al detalle: su bella luna de miel en Cancún, su detención repentina, su calvario en la cárcel, su gloriosa liberación una o dos semanas después. Lejos de volver a casa traumatizada y sentarse a llorar ha sabido sacar productividad a tan desgraciado incidente. No sé en cuantos medios habrá aparecido ni cuanto habrá cobrado, con certeza sólo puedo afirmar que al volver de Cancún pasó por el Programa de Ana Rosa y que ahora, a principios del año 2007, ha hecho un topless para Interviú -dicho de otra manera, ha posado desnuda, le han retocado con pote y Photoshop todo lo visible, y el resultado lo han puesto en la revista de desnudos retocados más famosa de España-. En cifras ambiguas lo que se ha echado al bolsillo son unas decenas de miles de euros, que dice que le sirven para compensar los gastos que tuvo en México e, imagino, que para algo más también. Eso es lo que se llama mirar hacia dónde sopla el viento y saber manejar las velas. Básicamente le ha tocado la lotería.

En Arcade parece que la opinión pública se divide y se ceba con las dichosas fotografías. "Es una descarada y una fresca" o "nos puede pasar a cualquiera y no por eso nos desnudamos en las revistas" o "ahora debería donar el dinero al pueblo, para que lo disfrute la gente que la apoyó". Es cierto que sería muy elegante por su parte donar al pueblo una pequeña cantidad de la liquidez que se ha embolsado por el posado, pero allá cada cual. Sin embargo me parece más cuestionable la actitud de esos vecinos que siembran la polémica. Parece que ahora habrá que tener cuidad al aprovechar las oportunidades, porque nos pueden calificar de frescos, oh, qué horror, señora. Hasta tal punto ha llegado el churreterismo, que yo creía en descenso, en este país de vecindarios, filetes debidamente orientados, mirillas abiertas y cuchicheos. Una de las cosas más despreciables que se pueden vivir en un barrio son los cotilleos, porque ese interés desmesurado por la vida ajena no es más que el triste aburrimiento de la vida propia. Una chica sale desnuda -¿desnuda?, no, maqueada y retocada con un programa informático- en una revista y se convierte en objeto de calificativos por parte de sus conciudadanos. ¿Sólo por vender unas fotos? ¿Resulta que ahora uno no puede aparecer desnudo en una revista si le da la gana y más teniendo en cuenta que el Photoshop hará que seas la comidilla de más de uno? No. También por envidia, porque a Ana María Ríos Bemposta, oportunista gallega, mujer inteligente a la que la vida le ha dado una buena carta que jugar, ahora le va a ir todo mejor. Como leí una vez, el dinero no da la felicidad, pero mucho dinero... eso ya es otra cosa.

Hay dos moralejas en esta historia. La primera, y más importante, que hay que coger el tren al pasar, porque el azar es así de caprichoso y el trabajo no vale nada si no hay un pequeño toque de fortuna. La segunda que el hombre es mezquino, envidioso y morboso porque, en ese pueblo en el que tanto se critica sin derecho la lícita aparición en la prensa de los pechos de esta señorita, se baten récords de ventas de la revista en cuestión. Allí se estarán dando codazos las viejas, añorando y envidiando la turgencia y la juventud, mirándole las tetas, qué vergüenza, qué descaro, qué fresca, qué tetas, uy, se me ha escapado, quítame eso de delante, guarra, pero no pases página tan rápido.

Por último, les dejo este vídeo (gracias a Flapet por hablarme de él).



8 de enero de 2007

New Year's resolutions (y II)

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¿Por qué no es todo tan fácil como hace casi 20 años? ¿Por qué tengo que tener cuidado con mi vestimenta, medir mis palabras y quedar siempre bien? ¿Por qué somos tan viejos pellejos? ¿No podrían permanecer durante todo el año los buenos deseos de la Navidad? ¿No podría ser Navidad todo el año?

Dabolina


Leo eso en el blog de Dabolina y me doy cuenta de que hoy es ocho de enero. La fecha en sí no es significativa, pero cobra un cariz relevante si se tiene en cuenta que es el primer lunes después de las vacaciones. Hoy se borran de nuestra memoria todos los buenos propósitos para el año nuevo, todos los buenos momentos de lo que podrían haber sido unas vacaciones. Todos los planes que hicimos juntos el día uno de enero por la tarde desaparecen, se eclipsan bajo la sombra imponente de la mañana del lunes. Hoy al volver al trabajo, al entrar en la oficina helada por la mañana, al llegar a clase y ver las mismas caras de siempre -si acaso alguna sonrisa falsa de más- te has dado cuenta de que nada ha cambiado, de que tu pusilanimidad no puede alcanzar esos propósitos que no son de Año Nuevo, sino de mucho tiempo atrás, de un día indeterminado, aquel en el que tú y yo no sentamos a charlar una tarde entera y decidí hacer con mi vida algo más allá de lo vulgar, más allá del camino establecido, y sin embargo aquel día indeterminado, quizás difuso en la memoria, apenas me dio empuje para lanzarme de cara contra el destino, porque siempre intentamos pisar firme, encontrar un camino, y sin embargo ahí están los versos, las máximas, los aforismos, caminante, "Roads? Where we're going, we don't need roads".

Pero sigues ahí sentado, con los tobillos helados, con el pene encogido de frío, y cuando te levantes echarás a correr para llevarte un plato de comida caliente al buche y algo de calidez a los pies. Si hoy hubiese sido antes quizá se habría llamado 'lunes de resaca'. Sin respirar, sin tragar, correrás hacia la facultad como no haces desde hace un par de semanas, y entonces I live in a two storie house y blablablá y aquello era una cosa·fantástica. Pero todo se va quedando chico, y este cuarto no para de menguar, y por los caminos que recorres, en sólo tres meses y medio, ya reconoces caras cotidianas, conocidos que habitan los mismos momentos de las mismas rutinas por las que tú pasas a toda prisa, y os veis y desde hace algún tiempo os saludáis, sin saber por qué, sólo porque a la enésima repetición de esa cara desconocida farfullaste un 'buenos días' una mañana en la que os volvisteis a cruzar en en la esquina de la Estación Experimental del Zaidín, donde están los escalones que suben al callejón en el que sigue escondida entre los chalés la misma guardería de siempre, a la que fuiste en los años ochenta con un babero de rayas azules y blancas abotonado a la espalda. Los paisajes, las calles, todas las vistas son las mismas, una nueva rotonda, diferente asfalto, algún edificio que cambia; pero tu vida es invariablemente la misma, tú eres el mismo, porque año tras años tus propósitos son inocuos o fantasmagóricos.

Hoy lunes has vuelto a correr. ¿No podrían permanecer durante todo el año los buenos deseos de la Navidad?. El deseo de crecer, de evitar las carreras, de dejar de agachar la cabeza al entrar a la facultad para pasar desapercibido, para ser un espectro, una sombra deslizándose por las escaleras, una voz que surge desde la última fila y a la que nadie mira; la determinación absoluta por salir de aquí, por descubrir que el mundo es inmenso, por perderse en esa infinitud zaherida por la ignorancia y la cobardía. Y es entonces cuando vuelves a mirar a los Pirineos, al Canal de la Mancha, a la nieve de Laponia, a los valses hipnóticos que escuchas en tu memoria, y Europa te conquista durante unos segundos antes de que vuelva a sonar el teléfono y respondas con los tobillos helados y el pene encogido de frío.

Todo se vuelve pequeño: la ciudad, el aula, el escritorio, las palabras. Hay un atisbo de amanecer en ti, buscas un libro, lo devoras, buscas una canción, la escuchas hasta la saciedad, hasta entenderla. A veces escribes palabras en folios en blanco, y sin embargo no las inventas tú, las recoges de un profesor o de un lector, y eso hace que suenen a insuficientes, que necesites estampar la vista contra un libro y dejarte llevar sobre las horas como un náufrago que no quiere ser rescatado, pero la rutina se lleva tu tiempo como el frío de diciembre se llevó ineluctablemente las hojas de los árboles, y te acuerdas de los hombres grises de Momo.

Recorres con la imaginación, desde un punto de la rutina, los rincones más cotidianos. Tu asiento en la oficina, las cristaleras de la facultad esmeriladas de lluvia, el cuarto de baño amarillento de insomnio. Descubres con sorpresa una carencia de desprecio, como un consentimiento autoindulgente, y sin embargo nada tiene que ver con tus expectativas. Pusilánime, has dejado que se borren tus propósitos de Año Nuevo, porque sigues pensando que queda tiempo, pero el tiempo pasa año tras año y ayer te sorprendiste recordando una fecha, creyéndola no muy lejana, sería a finales de los noventa, y al descubrir que hace ya casi una década de aquello has descubierto con preocupación que postergas con cobardía tus propósitos de año nuevo, que te resistes al cambio como un agricultor perdido en la isla de Mallorca en el año 1936. El tiempo ha pasado y tus propósitos, los de este año, idénticos a los de hace una década, aquellos que atraparías sin dilación, se vuelven a borrar una vez que te absorbe la rutina inclemente, la inercia traicionera de tus propios actos.

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5 de enero de 2007

Tu perro es más listo que tú - Técnicas para sobrevivir VI

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Foto: flickr.com, Jeff Poskanzer

Hace cada vez más frío. Salgo de trabajar y camino hacia casa con los hombros apretados contra el cuello, cabizbajo. Los días se repiten, uno tras otro, todos similares, pero cada vez más fríos. Necesito varios minutos andando bajo el sol para recuperar un poco la temperatura. La gente camina, algunos ociosos, otros ansiando el final de la jornada de trabajo, otros ya entrando al bar para acorralar la gusa propia de la hora. Yo tengo cierta prisa por llegar. Quiero comer temprano porque inmediatamente después tengo que irme.

Hacia la mitad de la acera, larga y estrecha, desierta, soleada a esa hora, veo a una mujer. Lleva un chaquetón marrón, de esos con pelos cerca del cuello, botas negras por fuera de unos pantalones marrón claro ceñidos a unas caderas rancias, como resecas, como la cara. Está muy maquillada, con los pómulos llenos de colorete, pero sin tapar la palidez algo arrugada del resto de la cara. Sujeta una correa y al otro extremo, en un radio de metro y medio, se pasea atado por el cuello un can con cara de simpático, olisquea, suelta ráfagas de orín en algunos árboles. Con la otra mano sujeta un teléfono móvil, pero no habla. Me pregunto en que manga lleva escondida la bolsa de plástico con los preciados excrementos perrunos que todos los paseantes recogen con tanto afán. Inmediatamente empiezo a etiquetarla: pija, ostentosa, se viste su ropa cara y hortera para sacar a pasear al perro, seguro que debajo del chaquetón lleva una camiseta de leopardo que le define perfectamente las tetas caídas y los dos michelines que le dividen la barriga justo por donde abrocha el pantalón. Es una cateta adinerada y con la elegancia de una puta del Paseo de los Basilios.

Este tipo de gente suele frecuentar el bar que hay justo a la entrada de mi casa. Suelen aparcar en mi calle, estrecha ya de por sí, -zona prohibida- impidiendo maniobrar para entrar en las cocheras. Suelen tomarse las copas en la puerta mientras hablan a voces por teléfono y vomitan su aliento alcohólico, ya borrachas, de tres en tres, paseándose, impidiendo la entrada. Cuando intento hacerme a un lado para pasar, no sólo no se apartan, no se disculpan, sino que además prosiguen con sus giros aleatorios. No saben hablar y definir un movimiento a la vez. Es una cateta adinerada y con menos educación que una puta del Paseo de los Basilios.

Cuando la pija se va a cruzar con mi por la calle, el perro, enano, ratoso, feo, con la cuerda más suelta que tirante, se me cruza por delante enredándome la correa entre los pies. Me paro. Esas correas tienen un freno para que el perro no se aleje, pero las pijas no las usan porque un perro atado corto no es estéticamente plausible. Mi instinto me dice que aproveche para patalear al perro, mi cabeza me dice que el perro no tiene culpa, que aproveche para patalear a la dueña, mi cabeza dice que ella sí tiene culpa. El perro se gira, se me apoya en las rodillas y me olisquea la entrepierna. Flexiono una rodilla para que el perro se aleje. La dueña me mira con cara de mala leche, es entonces cuando me doy cuenta que he puesto cara de asco.

- Vamos, que este señor es un borde, se molesta por nada.

- No me gustan los perros. No me gusta que nadie me huela los huevos cuando voy andando por la calle. No me gusta tener las fauces infectas y llenas de dientes afilados de un cuadrúpedo cerca de ninguna parte del cuerpo, y mucho menos del pene. ¿Le gusta a usted que los transeúntes se detengan a olerle el chísper? ¿Ve usted por la calle a personas inhalando el aroma intenso de la entrepierna de otras personas o animales? ¿Cree usted que no me debería molestar porque su perro quiera investigar los efluvios sexuales de mis gónadas? ¿Quién coño es usted para juzgar lo que es "nada"? No me responda. Usted debería llevar la correa, y un bozal, y un estilista, pija, estúpida. Váyase, y llévese a su perro a mear a su casa. Y llévelo bien sujeto.

- Maleducado.

- Maleducado, yo, por qué, dígamelo, por qué. Váyase por ahí con su perro, practiquen un sesenta y nueve zoofílico para analizarse olfativamente, nocilla en el chísper, y recoja la mierda de su perro, que luego la pisamos los demás, llévelo a cagar al salón de su casa. Guarra.

El animal ya se ha apartado. La pija se aleja, con la cabeza bien alta, algo abochornada, paso rápido y el perro atado corto. Hace cada vez más frío. Empiezo a pensar que soy más borde de la cuenta, que no llevo razón, que los animales tienen derecho a olerme simpaticamente los cojones, pero a mi derecha escucho una voz que dice "Hay que cruzarse con cada tía, qué pena de perro, la dueña es más animal que la mascota".

Nota: Escribiendo esta entrada me he acordado de Jimmy, el anciano perro de Fer, desaparecido (nunca olvidado) hace ya años, y también de Juancho, el amigo canino que tiene ahora. Los dos me han saludado amablemente, con algarabía, al verme. Siempre tuvieron la educación de lanzarme un único ladrido (como mucho) y evitar cualquier tipo de olisqueo cojonero.

Se busca

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Terremoto

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Acaba de haber un terremoto que por lo visto se ha sentido bastante fuerte en Granada capital. Yo debo estar insensibilizado porque sólo he oído crujir los muebles. Muchos se han despertado dando saltos en la cama. No sé de cuánto ha sido pero, si esto hubiese sucedido cruzando el Atlántico y el Ecuador, los muertos se contarían por miles.

Voy a terminar de hacer la maleta para pasar el fin de semana. Si quieres cuéntame cómo lo has vivido.

ACTUALIZACIÓN 01:05 - Estoy viendo moverse el cordón de mi persiana. No sé si es alucinación, la corriente de los ventiladores del PC o que hay mini·réplicas. Que durmais bien. Gracias a todos por vuestros comentarios.

ACTUALIZACIÓN 10:08 - Hay una noticia en la edición digital de 20minutos.es y en Ideal.es. La intensidad del seísmo varía según la fuente: 3'8 o 4'0 en la escala de Ritchter. Lo fuerte del asunto es que la réplica sucedió al instante.

Según datos del Instituto Geográfico Nacional, aunque por supuesto no con tanta intensidad, Granada sufre una media diaria de tres terremotos, que se tratan en realidad de microterremotos que sólo los sismógrafos perciben. Por su magnitud e intensidad, el de ayer no fue más que uno más, aunque sí uno de los que más se ha dejado notar.

El mayor terremoto sufrido por la provincia de Granada ocurrió en 1884, con epicentro en Alhama. Se cobró 800 vidas, destruyó por completo la localidad de Arenas del Rey y derribó unas 5.000 casas. Es considerado con el terremoto más destructivo de los acontecidos en España.

Fuente: ideal.es

4 de enero de 2007

Cinco cosas que no sabeis de mi

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Este meme que he encontrado en el blog del Chavalín pretender dar a conocer un poco al autor del blog. Encontrar cinco cosas que no sepáis de mí no es tarea fácil. Pero ahí van:
1. No utilizo pseudónimo en mi blog porque no concibo la Red como escenario para una vida paralela, sino como un medio de comunicación de la vida real.
2. Tengo 23 años -18 ó 19 a nivel práctico- y me debato entre lo convencional y lo peculiar, por ahora gana la mediocridad.
3. Trabajo y estudio, pero sin verdadera vocación, sólo con interés de indagar.
4. No tengo permiso de conducir. Me lo sacaré en un futuro no muy lejano por obligación social, no por placer ni interés.
5. Nací en Granada, siempre he vivido en Granada, quiero envejecer y morirme en Granada, pero, entre tanto, me dí un plazo de un par de años -del que se han cumplido ya unos cuantos meses- para salir de este pueblo y empezar a ir y venir por el mundo durante una buena temporada.

Te paso el meme a tí, sí sí, a tí.

La blogosfera contra la pena de muerte

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Hoy he leído en www.peroqueblog.com un manifiesto en contra de la pena de muerte basado en las argumentaciones de Amnistía Internacional. Desde ese blog proponen el botón que podéis ver al inicio de esta entrada para manifestar el rechazo a la pena de muerte, así que podéis poner la imagen en vuestro blog y firmar simbólicamente en la entrada que recoge el manifiesto contra la pena de muerte.

En este blog ya se ha tratado el tema de la pena de muerte en diversas ocasiones, entre ellas en el momento de la condena a muerte de Sadam y poco después cuando nos propusieron en clase un debate sobre la pena de muerte, para el cual os pedí vuestra opinión, y cuyo resultado os comenté en una entrada en la que se resumen las argumentaciones que utilizamos entre otras cosas. Toda la blogosfera ha mostrado su oposición a la pena de muerte, incluso para un tirano como Sadam Husein.

La repulsa ha sido manifestada por una gran cantidad de personas en el viejo continente. No es de extrañar porque, en estos casos, si queda alguien a favor no suele pronunciarse -a nadie se le ha ocurrido fundar una asociación pro pena de muerte, y si existe lejos está de ser popular-. En este caso, la ejecución de Sadam Husein, viene rodeada de irregularidades que nos hacen tener la certeza de que hay intereses económicos directos de por medio. Los motivos personales quedan de manifiesto en la manera inhumana de su ejecución en la horca y el comportamiento de los verdugos, impidiéndole acabar su rezo, gritándole "vete al infierno". Un gobierno, que debe ser la representación de la sabiduría de un pueblo -incluso sin ser democrático-, que debe luchar por los derechos y que además, en este caso, plantea este asesinato como acción de justicia, no puede comportarse de ninguna manera que se salga de la elegancia, de la abstracción de la objetividad. El filtrado de las imágenes, que en teoría se está investigando -no debe ser muy difícil saber quién sostenía el móvil en un habitáculo tan pequeño-, no sirve para nada que no sea instigar, provocar violencia por medio de la recreación morbosa en la violencia. Hasta ahora no he querido poner el vídeo de la ejecución, porque quien quiera seguro que sabrá encontrarlo en cualquier otra parte.

Los actos de violencia de un gobierno injusto y descerebrado pasan factura finalmente en el pueblo en forma de atentados: asesinatos masivos en Bagdad, Londres, Madrid, y Manhattan entre otros lugares. Los civiles se convierten en peones, en piezas de intercambio del odio que, presuntamente instalado entre las civilizaciones, en realidad tienen su cuna en los intereses de la clase política.

Abierta la polémica, cabe ahora la esperanza de que la crueldad no caiga en el olvido, de manera que, ante la próxima ejecución que se vaya a realizar, el mundo sepa reaccionar, cada vez con más fuerza, con más repulsa, condenando de manera contundente la pena de muerte. La pena de muerte no es solución, sino violencia. No existe manera de ejecutar la pena de muerte de manera rápida e indolora. No existe ni ha existido nunca pena capital justa.

El papel de la blogosfera es el de siempre, el que cada día se arraiga más en la comunidad internauta: el de difundir, el de condenar, el de contar las noticias compartiendo un punto de vista, ayudándonos a acercarnos a la razón y a la justicia. Ya entrados en la era de las comunicaciones, teniendo herramientas de expresión tan accesibles, no debemos acomodarnos, sino luchar, o al menos pronunciarnos, en contra de la violencia. Por eso, como granito de arena en el pronunciamiento contra la pena de muerte, te invito, repitiendo el gesto de www.peroqueblog.com, a que busques un sitio en tu blog para el botón contra la pena de muerte y entre todos llenemos las entradas sobre el tema con comentarios de condena a esta práctica desfasada e inhumana.

Ya vienen los Reyes

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Con carbón para los republicanos, mañana llega la tradicional Cabalgata de Reyes -digo yo que vendrán en el Auto de los Reyes Magos-. Como Dios manda desde hace años, la tradición se seguirá al pie de la letra y la cabalgata vendrá seguramente cargada de Lunnis y personajes Disney. Ya se sabe, los tres Reyes Megos: Melchor, Gaspar y Lucho. Así todos los niños podrán disfrutar un mínimo de historia de las religiones. ¿Todos?.


Un total de 1.200 millones de personas viven con menos de un dólar al día.
Calcula que menos de un dólar al día son menos de siete dólares a la semana. Pásalo a euros. Dime cuanto nos gastamos en bares a la semana, compañero.

3 de enero de 2007

Putas

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«Grabadme una cinta, traedla, que quiero ver qué tocáis, y ya hablamos. Se suele pagar en función de la caja que haga esa noche, en ese sentido os podéis fiar de mí», o algo así dijo. De esto hace mucho tiempo y ya apenas recuerdo las palabras exactas, el orden sensato de los hechos, las facciones verdaderas de las caras. Vanessa estaba más o menos igual, quizá vestida a la moda, Roberto era aún un niño, pelo medio largo, incipiente perilla, musculosidad actual aún sin desarrollar. No recuerdo si Yiyi y Agus andaban por allí, creo que no.

«Grabadme una cinta», dijo ella, no recuerdo cómo se llamaba, quizá nunca lo supe. Lo absurdo de la situación contribuyó a exaltar alguna glándula. No podemos grabar en un local como el nuestro, sin material; es decir, sí podemos, pero el resultado será como arañar una pizarra con eco. Al final creo que grabamos una cinta con un viejo magnetófono y se la llevamos varios días después: «No podéis tocar aquí, aquí no se pueden meter baterías ni amplificadores». Muchos pubs de Granada organizan (u organizaban por aquella época) conciertos de medio pelo, acojonados por las denuncias de los vecinos, buscando hacer caja un jueves por la noche, con guitarras acústicas y voces de personas que creen ser cantautores y atreviéndose a decirle a un músico que toque más bajo.

Aquella rubia de bote además de treintañera y atractiva (al menos lo suficiente para exaltar la libido en soltería de un adolescente) era gilipollas, quiso pasarse de lista con nosotros y lo consiguió. Nos fuimos sin decirle por dónde se podía meter su vocación cultural y su apoyo a los nuevos artistas. Me fui sin ofrecerme para explicarle qué orificios eran susceptibles de acoger nuestras proposiciones. Habría sido un concierto bonito, unos cuantos amigos, un garito a media luz, algunas copas. Y al final nada, al final humillación por parte de una zorra con pretensiones de intelectual. «Aquí vienen muchos canta autores, todos los miércoles tengo música en vivo». Tienes música en vivo porque si no se te caen las telarañas de aburrimiento. La música es así de difícil. Buscas un número, que es el nombre de tu banda, y si toca, toca, si no nada, al final nada. Además hay que sumarle un empeño y una disciplina de trabajo que sólo puede ser fruto de la pasión, pero de eso no falta en ese momento de la vida en el que tienes menos pelos en la barba que en el culo. «Paso el día en las nubes, tal vez», y ya está todo dicho.

Por aquella época empezamos a buscar un sitios para tocar, un par de semanas habíamos dado nuestro primer concierto juntos en un lugar perdido de la mano de dios no muy lejos de Dúrcal, El barranco de los lobos, un garito diminuto aunque acogedor, algunos amigos, algunos familiares, whisky, fumetas y una noche muy larga por delante. Recuerdo que toqué con un Ibanez prestado, cinco cuerdas deliciosas, canciones propias, Red Hot Chili Peppers, el Sunday Bloody Sunday de U2 con la reciente imagen de las Twins en llamas.

Aquella noche, en la que nos encontramos con la gerente de más morbo que guapura, estábamos de ruta por algunos pubs de Granada buscando un lugar en el que dar un concierto clandestino, de esos que terminan con la policía disolviendo «ese molesto ruido». Hubo un lugar al que entramos con la inercia propia de la situación, sin embargo, la sorpresa visual que nos regaló la vista fue suprema. Boquiabiertos, babeantes, quizá algo sonrojados, contemplamos a varias diosas rubias, no recuerdo cuantas, no recuerdo donde, en los sofás, tras la barra, con minifaldas ceñidas, escotes prominentes y sin embargo elegantes, belleza facial sublime. La libido, ya desperezada por por la gerente de la cara morbosa, se retorció, se estremeció, se emocionó: jamás había visto tanto revulsivo junto. Chico, si tocas aquí va a ser verdad, de una vez por todas, que los rockeros ligan después de los conciertos, te vas a poner las botas, y luego te las vas a quitar y te las vas a volver a poner. Vas a ligar por segunda vez en tu vida.

Empieza la leyenda. Carraspeo, me acerco a la barra con fingido aplomo, impropio de mi edad y de mi persona, busco un tono simpático, miro a los ojos a una de las chicas, la más cercana, me sonríe, la fantasía vuela, el pulso empieza a ser ensordecedor. Cuando le pregunte que si quieren tener actuaciones en vivo se va a interesar por lo que hacemos, le voy a dar palique -palique, palique, palique- y luego me la llevo a la cama, o al cuarto de baño, triunfal. Es mayor, es muy mayor, tendrá por lo menos veintidós o veintitrés años, las tetas perfectas, en cuanto se dé media vuelta le voy a mirar el culo que seguro que es redondo, terso y en la medida perfecta. Mañana lo cuento y no se lo creen. Me acerco. Sonrío. «Hola, ¿hacéis conciertos aquí?». Ella me sonríe, me mira a los ojos, es guapísima, y me responde «no entiende». Primera traba: hay que buscar rápidamente una solución. Se gira y apunta con sus pezones caucásicos a los pezones caucásicos de una compañera, se acerca sin darme tiempo a sacar de la manga un espantoso inglés. «Hola, ¿hacéis conciertos aquí?». «Siento, no entiende». Mis fantasías se derrumban como una erección decepcionada. Se acerca un hombre amable que antes estaba con tres o cuatro chicas en un sofá del fondo. Tendrá más de sesenta años, es bajito, clavo, y viste de traje. Fuma un puro que deja en un cenicero antes de dirigirse a nosotros. Nos explica amablemente que allí no tienen actuaciones musicales. Acaba la leyenda. Nos despedimos. Echo un último vistazo al local, a las chicas, a los sofás, a las minifaldas, a los escotes. Voy a tener pesadillas con esos pechos el resto de mi vida. Al girarme para ir hacia la puerta, antes de que la barbilla me caiga cabizbaja y humillada, me fijo en una barra vertical, del suelo al techo, que hay en una zona un poco más elevada del piso, de ella cuelga una boa de plumas. Gilipollas, eres gilipollas, esto es un puticlub y no te has dado cuenta hasta que has salido. Al salir, sujeto la puerta para que no de portazo como excusa para echar un rápido y último vistazo hacia el interior. Gilipollas. Las putas se estarán descojonando de la risa en cuanto cierre la puerta porque, aunque no me han entendido, me han visto la cara de pardo, de pardo gilipollas de instituto, de adolescente fantasioso con granos como garbanzos en la cara y los ojos salidos como en erección. Cuando salí de allí fui consciente de que iba acompañado. No sé cuánto tiempo se estuvo riendo a mi costa Vanessa. Los demás seguían divagando, soñando con el rocanrol, con las chicas, y con las noches sin fin.

Después de aquella vez, la primera y la última que estuve en un puticlub, tocamos en sitios mucho más grandes que aquel pub de la gerente, a la que no volví a ver más, muriendo así mi fantasía libidinosa por falta de alimento. Años después llegué a grabar en un estudio profesional, sin déficit de enchufes y sin ecos no deseados. Sobre la famosa terna de sexo, drogas y rocanrol, he de decir que las chicas son difíciles, las drogas caras y el rocanrol... no tiene adjetivos, pero no pide más que unas cuantas cuerdas y un poco de tiempo libre.

Encuentros en la tercera fase

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Por un momento he pasado miedo. Texto Texel estaba ahí. Lejos de limitarse a un mero encuentro visual me lo han presentado -aunque Ella me ha dicho que se llama Dani, pero yo sé que era Textor-, hemos estrechado la mano y, por un momento, creí que me iba a matar o a obligarme inconscientemente a cometer un crimen. Lejos de eso hemos tenido los tres una conversación corta pero agradable. Textor ha comentado algo sobre el Rey que he utilizado en mi trabajo sobre la monarquía, pero no puedo ponerlo en internet porque no se pueden mezclar las palabras Rey, putas y borrachos. En mi trabajo utilizaré el término lupanar, que es muy elegante. Es reconfortante a veces tener un encuentro de manera fortuíta. Después nos despedimos y seguí mi paseo: and birds go flying at the speed of sound...

Después de más de veinticuatro horas de arresto domiciliario yo había salido de compras, o al menos de olisqueo comercial, y me he vuelto igual que me fui. Hoy ha sido fiesta aquí, la polémica conmemoración de la Toma de Granada. A la vez en la Plaza del Carmen había un mitin convocado por la AVT, pero me lo he perdido.

He estado de cañas, con una última parada en el antiguo Moto R, ese pub elegante al que voy cuando no paso por ese antro hogareño que es El Cortijo. Hemos hablado de leyes. El Abogado me ha contado que la gente de las nuevas generaciones pepeístas utilizan ciertas técnicas embaucadoras para captar a gente muy al estilo de las sectas. ¿Es Acebes el sucesor de Charlie Manson? Imagínatelo con barba, compañero. Ha surgido cierta idea de hacer un blog entre todos, sería una buena idea, Una vivencia cada cinco minutos... podríamos hablar de derecho, de ingeniería, de medicina, de traducción, de televisión, de Sadam... bueno, televisión y Sadam equivalen. Quiero decir que me parece la muerte más amarilla desde Lady Di.

El resto del día he estado leyendo artículos sobre don Juan Carlos, escuchando música y dejando la mente en blanco vía videojuegos. Ha sido un día interesantísimo como podeis ver, por eso os lo cuento. Mañana toca trabajar, es lo que tienen las vacaciones. Si Miss Simpatía cambia el tono de su ladrido prometo informaros ipso facto. Buenas noches.

1 de enero de 2007

New Year's resolutions

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El sábado iba a escribir sobre el antentado de ETA y sobre el asesinato de Sadam Hussein pero, aparte de encontrar una cantidad récord de palabras soeces que yo mismo autocensuré, me encontraba felizmente perdido en un sitio en el que no había conexión a Internet pero sí mucho silencio, así que dejé este blog desagradecido en huelga de palabras. Ayer, domingo 31 de diciembre de 2006, iba cometer ese acto falaz que es escribir los propósitos de año nuevo, pero antes me detuve a recapitular, a hacer memoria para recordar cuáles fueron mis propósitos de hace un año, cuáles cumplí y cuáles no. Sería ridículo y vergonzoso escribir un epílogo, hay mucho tiempo perdido de por medio, pero debo decir que algo, poca cosa, cumplí.

Memoria a memoria me dieron las uvas y empecé el año sin propósitos para 2007. Están los de siempre, pero parecen hechos para otros: no puedo dejar de fumar porque no fumo; quizás podría perder unos cuantos kilos, pero del dicho al hecho hay un trecho; me apuntaría a un gimnasio, pero no tengo ni tiempo ni ganas. Puedo plantearme escribir un libro, plantar un árbol o apadrinar un niño, pero me niego a caer en la mentira de prometerme cosas que luego no voy a cumplir. Tanto decepcionamos y tanto nos decepcionan que lo menos que uno puede hacer es sincerarse consigo mismo.

Lejos de haberme propuesto hacer algo bueno para mí o para la humanidad intento imaginarme qué pasará a lo largo de este año. Es posible que bata mi récord personal de permanencia en un puesto de trabajo, aunque también es posible que vuelva a la comida rápida, que está mejor pagada y hay mejor ambiente que en una oficina . Es posible que bata también el récord de consecución de créditos universitarios -aunque los créditos, compañero, valen para bien poco-, que ahora mismo está en cero. Quizá me mude una temporada a otra ciudad y deje mi bella y mezquina Granada por un tiempo. Quizá deje de contestarle en inglés a mi profesora de francés y tambien es viable que aprenda francés. Puede que vea a U2 y a Radiohead. Puede que vaya al FIB por primera vez en mi vida y también es posible que pise terreno insular español. Es posible que este año no peregrine a Camden Town. Lo más probable es que no vuelva a dar un concierto, y sabes que me apetece, pero también sabes que de vez en cuando nos veremos para intercambiar acordes, tragos y versos. Quizá aprenda a escuchar, a hablar, a ser fiel a mis principios -que los tengo-. Quizá, dentro de un año, escriba mis propósitos para 2008.