13 de noviembre de 2006

Corre, copain - Técnicas para sobrevivir I

Corre. Despiértate sin perder el equilibrio al descubrir que ya estás en la ducha y corre: el aire se empieza a llenar de un vapor denso que te dice que llevas demasiado tiempo en el limbo, debajo de la alcachofa. El corazón te da un salto al ver la hora y se te encaja en la garganta impidiéndote durante unos segundos la respiración . Ya deberías estar en el trabajo. Maldita sea. Siempre igual, siempre corriendo. Dónde está el reloj de pulsera, dónde está el calzador, hay que ponerse los zapatos antes de salir -Carmen Sevilla es la única no·freelancer de España que trabaja en pantuflas, cáspita, pantuflas qué alegría, qué confort, pero no te entretengas pensando sandeces y corre-. Desabróchate la camisa, la tienes coja, vuélve a abrocharla, ya harás luego la cama, ya limpiarás luego el lavabo de pelos y de espuma de afeitar. Espera, te queda un cerco oscuro a la derecha de la barbilla, tienes que volver a pasarte la cuchilla rápidamente por ahí.

No puedes llegar tarde, copain, porque ya sabes cual es la consigna: quédate un poco más, pero no llegues ni un minuto tarde. Así es en todas partes. Cuando trabajabas en aquella pizzería del centro te decían "has llegado cinco minutos tarde" con la misma frecuencia con la que se acercaban a tí para anunciarte que ibas a comer tarde:
- Sé que hoy tu turno acaba a las tres, pero necesito que te quedes hasta las cuatro para cubrir a García.
- ¿Qué le pasa?
- Que se ha puesto malo y está vomitando en el cubo de basura. - En el cubo de basura de la cocina, así es la comida rápida.
- ¿Y eso?
- Se ve que salió ayer hasta tarde.
- Se ve, sí. - Se ve, se siente, salió conmigo, tiene la misma resaca que yo. Pero yo me quedaré sin comer hasta media tarde, eso por aguantarte las ganas de vomitar. C'est la vie, copain. O me cago en diez, que se decía antes.

El caso es que al final sales a la calle, seguro que se te olivida algo, pero por más que te concentres en intentar descubrirlo no caerás en la cuenta hasta que sea irremediablemente tarde. Al menos te ha dado tiempo a desayunar, lo malo es que con las prisas una creciente náusea se ha despertado en tí. Quizá le vomites en la cara a tu jefe cuando llegues y te pregunte condenatorio el por qué de tu retraso -eso te daría una gran satisfación, recuerdas cierta escena de alguna película de la saga Este chico es un diablo-. ¿Qué más dará? ¿Existe alguna explicación que cambie esa mirada de crucifixión? Me ha atropellado el nueve, podrías explicarle, que iba rápido y con retraso, así que he tenido que venir arrastrándome un noventa por ciento del camino, es lo que tiene no saber mantener el equilibrio sobre el muñón de la rodilla. Y qué, responderá, yo no te he preguntado eso, lo que quiero saber es por qué llegas tarde, esas cosas hay que preverlas, y quítate de ahí, que me estás llenando el suelo de sangre y mugre.

Volviendo a la realidad, al doblar la primera esquina camino del trabajo, esquivando mochilas gigantes (los escolares de primaria tienen una fuerza proporcionalmente igual o superior a la de las hormigas) y madres que tiran de niños adormilados a pijo·sacao dirección al cole, en ese momento en el que te falta la respiración, miras el reloj y ves en tu muñeca que tienes tiempo casi de sobra para llegar al trabajo. ¡Diantre! ¡Otra vez! Todos los relojes de casa están adelantados, siempre se te olvida. Pero no los vas a cambiar, compañero, no, porque sabes que la técnica funciona: mañana se te habrá olvidado y repetirás la escena. Es tu seguro de vida.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Eres todo un erudito de las prisas... Fíjate qué curioso: yo vivo a cinco minutos de la facultad (claro, cinco minutos porque mi parsimonia está en proporción a mis medidas) y siempre, o, casi siempre llego tarde! Es lo que tiene dormirse en los laureles, y a mí, todo lo que se parezca a la yerba me encanta... creo que ya lo sabes! En fin, sigo enfermo desde la última vez que me comuniqué contigo (hace escasos cuatro minutos) y creo que me voy recuperando... voy a levantarme del asiento... a ver... noooooooo, sigo enfermito! Qué desastre...! (paranoias tostaíticas)

Gotardo J. González dijo...

Tostao, compañero, dile a tu cuidadora que te haga algo de zampar con pan de molde en el pizza pan, que le sale muy bien.

Espero que tengas una pronta recuperación para que te vea pronto paseando por la facul, a ver si me contagias algo de tu parsimonia deluxe, que si no me voy a quedar en el intento.

Sigue bailando

Anónimo dijo...

Ay copain, las pequeñas actividades de la rutina diaria es lo que tienen. ¿Por qué se tiene que elegir entre dormir más o correr menos?
A ver cuando nos deleita con una entrada sobre los pequeños placeres de la vida y se olvida de los deberes profesionales.